De dónde sale esto.

En mayo de 2009, fui a Los Ángeles en un viaje de trabajo. Se trataba de asistir a un evento anual al que sólo suelen ir los grandes jefes de ciertas empresas, pero ese año, un "gran jefe" no pudo ir y fui yo, una doña nadie. El blog nació sólo como una forma diferente y barata de comunicarme con mi familia y amigos mientras estaba allí, a 9 horas de distancia temporal. Pero luego, le cogí el gustillo y, aunque ya no estoy allí, sino en Madrid, considero que nuestras vidas son unas grandes súper producciones y que yo, al fin y al cabo, sigo siendo una doña nadie en Hollywood.

domingo, 1 de mayo de 2016

Gigantes del Siglo XXI


Alteróseme el ánimo, amigo Sancho. Alteróseme, y si mi rostro hubieres contemplado, cosa que no hiciste pues, sin duda dormías, como yo debiera hacer a esas horas de la noche de no estar como estaba, sumido en tormentosa pesadilla, hubiérasme zarandeado para descartar que me hallara yo tan muerto como mi expresión denunciaba. 


Alteróseme el alma aun dormido, pues lo que mi ensoñación me hacía ver, hermano Sancho Panza, no era de este mundo, ni de este siglo, ni de este rey don Felipe, sino de otro de igual nombre pero superior ordinal y mayor estatura. Lo que mis desorbitados ojos vieron en estos mismos campos que ya no tenían hollados caminos, sino interminables y anchísimas cintas de brillante seda grisácea, sobre las que se movían, rápidos como el rayo, multitud de extraños carruajes tirados por invisibles caballerías, eran, digo, gigantes ataviados todos con uniformes vestiduras que consistían en anchos calzones que hasta los pies llegaban y, sobre la camisa, una extraña prenda, ni chupa ni casaca, que dejaba entrever la blanca camisa con un largo y estrecho pañuelo anudado al cuello. Igual que los gigantes de ayer, con los que no pude medir mis fuerzas, ya que, para mi mal, el entrometido sabio Frestón los volvió en molinos de viento, mi querido Sancho, estos de mi sueño tenían larguísimos brazos que se movían en círculo y, que en sus descomunales manos portaban grandes faltriqueras repletas de monedas de oro y plata. Estos monstruos no eran treinta ni cuarenta como aquellos con los que no pude enfrentarme en heroica y desigual batalla, sino cientos, ¡qué digo cientos! ¡Miles!...

 “Son ediles, ministros, altos funcionarios que, en vergonzosa connivencia con desaprensivos mercaderes y no pocos funcionarios de la justicia, que también corren entre ellos, desvalijan con saña las arcas del Reino...” dijeron unos alguaciles que por allí pasaban y que, se veían impotentes para hacer frente a tan numerosos y malignos individuos.

Me invadió entonces, mi buen amigo, un sentimiento para mí desconocido. El miedo. Ante la terrible nueva que me hacían llegar los asustados guardias, no reaccioné con el ardor y la decisión que tú bien conoces y que mana en mí de forma natural y profunda cuando me hallo ante la maldad, el abuso o la injusticia. No, mi fiel amigo, no. Tanta maldad, tanto daño, me hicieron gritar tu nombre sin que obtuviera respuesta alguna. Y en esas ansias de llamarte y no obtener tu presencia, entre el frío sudor que, como ves, aún se desliza por mi frente, me desperté.

-¿Y qué quería mi señor de mi humilde persona?- dijo Sancho con inquietud- ¿Qué hubiera yo podido, pobre de mí, ante tan numerosa y potente maldad?

-Pues que trataras de localizar al sabio Frestón...

José Estremera Fernández. 
Madrid, abril de 2016.

lunes, 10 de agosto de 2015

Ruta por Francia V - Estrasburgo y excursiones por Alsacia.

Las siguientes tres noches las pasamos en Estrasburgo, capital del Bajo Rin y de Alsacia. Era la segunda vez que visitaba la ciudad, pero la primera fue muy breve, así que ahora pude profundizar un poco más.

Su nombre significa algo así como "el burgo del camino" y se debe a que siempre ha sido un cruce de vías entre las grandes ciudades de Europa central.. Cuando vayáis (que iréis, porque de verdad que merece la pena), os dará la sensación de estar más en Alemania que en Francia y no es de extrañar, porque toda Alsacia se ha pasado la historia siendo disputada por ambos países. Los nombres de las ciudades tienen origen alemán y la región conserva su propio idioma, el alsaciano, que veréis junto al francés en muchos establecimientos. Se encuentra bañada por los canales del río Ill, a la orilla izquierda del Rin, que hace frontera con Alemania a las afueras de la ciudad. De hecho, uno de los principales barrios dormitorios de Estrasburgo es Kehl, un pueblo alemán.

No voy a hacer una guía detallada de la ciudad, pero sí voy a destacar varios puntos imprescindibles. Uno de ellos es la imponente catedral gótica. Cuando miréis hacia la cima de la estilizada torre, os dará cierto vértigo. Mide 142 metros y durante dos siglos fue el edificio más alto del mundo. Llama también la atención el color rojo de su piedra, típica de la cercana región de Los Vosgos. Es de las catedrales más impresionantes que he visto. En el interior despierta mucho interés un reloj astronómico de autómatas. Cada día, a las 12:30 del mediodía, los apóstoles pasan delante de Jesucristo, las cuatro edades del hombre pasan delante de un esqueleto (la muerte) que golpea unas campanas con un hueso y un gallo canta y aletea. Este espectáculo único puede disfrutarse por 2€ todos los días, después del pase de un documental sobre el reloj (en francés, inglés y alemán), a las 12 en punto. Si queréis verlo, os aconsejo que entréis sobre las 12 menos cuarto, y así coger buen sitio para ver el funcionamiento del reloj, pues el pequeño recinto donde se encuentra se llena enseguida. Los domingos y festivos, es gratis pero no hay documental. Y por supuesto, la entrada al resto de la catedral es libre y gratuita.

Otro lugar emblemático es la Petite France, un pequeño barrio del centro de la ciudad, lleno de las típicas casas alsacianas con entramados de madera y miles de flores en sus balcones. Las imágenes más típicas son las de la Maison des Tanneurs, en la plaza Benjamin Zix. No pararéis de hacer fotos de cada rincón, os lo aseguro. Allí mismo, en esa placita, hay una terraza de lo más apetecible, donde dan de comer durante todo el día y que se llena enseguida de gente, La Corde à Linge. En este viaje no encontramos sitio para sentarnos, pero en mi visita anterior, sí pudimos comer allí y comprobé que ponen unas cantidades de lo más generoso.

Como os digo, no puedo enumerar aquí todo lo que tiene esta ciudad, pero tanto si vais varios días como si se trata de una visita fugaz, os recomiendo el paseo en barco por el Ill. Hay cuatro pequeños muelles delante del palacio Rohan, desde los que parten cada cuarto de hora. Unos barcos son cerrados, con cristaleras, y en otros, los asientos están al aire libre. En la taquilla os informarán de qué tipo es el siguiente que sale. El circuito dura aproximadamente 70 minutos y cuesta 12,50€. Os darán unos casquitos con los que podréis oír la historia de lo que vais viendo, disponible en español. El paseo merece de verdad la pena y en él veréis los edificios del Tribunal de Derechos Humanos, el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa.

Por lo demás, es una ciudad alegre, bulliciosa, llena de turismo, al menos en verano y seguramente en invierno, durante su famoso mercado navideño. Os podéis mover en tranvía y si lo hacéis en coche, los parkings públicos del centro son asequibles (bastante más que los madrileños).

Nuestro alojamiento en la ciudad fue excelente. Escogimos un hotel en un barrio periférico, cercano a un gran hospital. Supongo que tuvimos suerte con la oferta, porque nos costó 171€ las tres noches y, aunque es un tres estrellas, os aseguro que los hay de cuatro estrellas bastante peores que este, al que no le falta detalle. Se trata del hotel Athena Spa, que cuenta con una fabulosa piscina con chorros de masaje y jacuzzi, gratuita para los clientes, y un spa cuyo acceso (ilimitado por día) cuesta 8,50€. Hay una parada de tranvía a unos cuatro minutos andando que te deja en diez en la catedral.

Para comer hay infinidad de sitios, pero voy a destacar uno que nos gustó mucho por la comida y la decoración: Le Troquet des Kneckes, en el 112 de la Grand Rue. La fachada es antigua, en madera (y en lugar del nombre del restaurante pone "R. Zussy - Biere D'Adelshoffen"), pero por dentro el ambiente es del más puro estilo Corredera Baja de San Pablo, algo "hipster", muy agradable y colorido. La comida es típica alsaciana, pero a precios asequibles.

Y hablando de comida, aparte del codillo en Alsacia podréis comer cosas como la tarte flambée o Flammekueche, que es una especie de pizza muy finita con queso fundido, cebolla y bacon. O el choucroute garnie, una barbaridad de platazo de repollo con salchichas, lomo, panceta... O los sabrosos bretzels, solos o rellenos de dulce o salado. O el foie, el kougelhopf (especie de panettonne), el pan de especias, las galletas de jengibre.. Y acompañarlo todo del vino de Los Vosgos. Es decir, os podéis poner moraos, porque hay variedad y abundancia.

Tarte flambée.

Pero si vais, guardad un día para visitar los pueblos de alrededor. Hay gran cantidad de ellos que figuran en las guías, pero nosotros sólo visitamos Colmar y Riquewihr.

Colmar está a 73 kilómetros al sur de Estrasburgo por autopista. Dicen de ella que es la ciudad más alsaciana de Alsacia y la verdad es una fabulosa representación de toda la zona, con mil rincones llenos de encanto, como la Petite Venice, o la casa Pfister. Es cuestión de que la recorráis andando para ir descubriéndola. Os sorprenderá ver que a la entrada a la ciudad hay una rotonda con la Estatua de la Libertad en el centro y esto se debe a que Auguste Bartholdi, su autor, nació aquí. También puede visitarse su casa.

De allí nos fuimos a Riquewihr, un pueblecito entre viñedos, a 15 kilómetros al norte de Colmar. Os parecerá estar dentro del cuento de Hansel y Gretel y lo bueno es que sufrió pocos daños en las dos guerras mundiales y se conserva más o menos como era en la Edad Media (aunque supongo que el colorido de las casas es posterior). Toda la zona está salpicada de pueblecitos parecidos y Alsacia en general merecería un viaje de una semana entera, por lo menos, por la cantidad de lugares de interés que pueden visitarse y sus preciosos paisajes.

Fachadas de Riquewihr.

Fueron tres días estupendos recorriendo sitios de postal. Un viaje que no deberíais dejar de hacer.

Ruta por Francia IV - De camino a Rocroi: Giverny y comida en París.

A 72 kilómetros de Ruán se encuentra la pequeña localidad de Giverny. Allí hicimos una parada para visitar la casa de Monet y sus jardines. No hace falta que seáis unos grandes entendidos en pintura impresionista, ni fans incondicionales del pintor. A Giverny merece la pena ir simplemente si apreciáis la belleza de la naturaleza. Una naturaleza "organizada" por la mano del hombre, eso sí, pero naturaleza al fin y al cabo.

Monet pasó en su casa de esta localidad los últimos 43 años de su vida. A lo largo de esos años y gracias a sus numerosos viajes, fue construyendo un fabuloso jardín con flores y plantas procedentes de todo el mundo. El resultado es un conjunto de impresionante romanticismo y belleza que él mismo reflejó en sus cuadros más famosos. La entrada a la casa (que se mantiene tal como era cuando él la habitaba) y a los fabulosos jardines cuesta 9,50€ (5,50€ para niños desde 7 años y gratis para los más pequeños). Si tenéis alergia, más vale que vayáis con mascarilla u os ahorréis la visita, pero si no es el caso, os recomiendo que os acerquéis a verlo. Se puede hacer una excursión desde París, pues está tan sólo a 75 kms.

Jardines de Giverny.

Así que, estando tan cerca, nos pillaba bien comer allí y darnos un pequeño paseo. Amigos, la parada breve en París puede resultar cara. Tuvimos suerte encontrando una plaza de aparcamiento cerca del sitio donde queríamos comer. Dejamos el coche en la Rue Monge, que nos quedaba cerca y flipamos con el precio del parquímetro: 2 horas (tiempo máximo), 8 eurazos. Pero bueno, es lo que tienen los caprichos...

Comimos en un sitio que ya conocía por una visita previa, Le Montebello, en el número 1 del Quai de Montebello, justo frente a Notre-Dame. Es una brasserie sencilla pero con una situación inmejorable. La comida está bastante bien y el precio... bueno, el precio es lo que voy a comentar. La cuenta ascendió a 56€, lo que no es mucho teniendo en cuenta que quedamos satisfechos y la ubicación del sitio, pero voy a aprovechar para hacer una advertencia sobre la restauración en Francia. Había tres tipos de cerveza de grifo: tercio, medio litro y un litro (en jarra). El precio del medio litro, que fue la que pedimos, era de 9€ SIN IVA. Una barbarité, sí, señor. Pero es que, además, el IVA en bares y restaurantes en el país vecino (TVA) varía sustancialmente, ya que se aplica un 10% a todo excepto a las bebidas alcohólicas, que llevan un 20%. Por eso veréis en vuestros tickets los dos tipos de impuestos aplicados.

Tras el café, un paseíto por los alrededores de la catedral y rumbo a Rocroi.

"¿Dónde demonios está Rocroi y por qué vais allí?", os estaréis preguntando. Bueno, este viaje estaba diseñado, entre otras cosas, para visitar lugares históricos. Rocroi es un pequeño pueblo fortificado que se encuentra en las Ardenas, al norte de Francia, a 3 kilómetros de la frontera belga. Fue un punto estratégico en muchas batallas de casi todas las guerras que ha librado Francia y para España tiene un significado especial, pues fue allí donde los Tercios Españoles sufrieron su primera derrota, en 1643. Los seguidores de las aventuras del Capitán Alatriste, sabréis la importancia de este lugar para el personaje, pero no diré por qué, para no hacer un "espoiler".

El pueblo es muy curioso, muy mono y muy pequeño. Nos alojamos en uno de los dos únicos hoteles que hay, el Hotel du Commerce. Se trata de un alojamiento creado en el siglo XIX, habitual de peregrinos del Camino de Santiago, así que es un sitio muy sencillo y austero, pero muy limpio y perfectamente situado para vivir el pueblo. Tuvimos ocasión de charlar con algunos lugareños, simpatiquísimos y aprovechamos para tomarnos una cerveza y una copita de vino blanco en el pub junto a la plaza, al menor precio que hemos encontrado en nuestro viaje: las dos cosas, 3,50€. Impresionante cantidad incluso para España.

Además, en Rocroi nos encontramos con la sorpresa de que celebraban el bicentenario del asedio a Rocroi y dedicaban todo el fin de semana a escenificar la batalla del ejército francés contra los aliados liderados por las tropas prusianas. Así que casi todo el pueblo se disfrazó impecablemente con los uniformes y vestimentas de la época y Rocroi se convirtió en un escenario magnífico que te transportaba a 1815. Lástima que tuviera pocos visitantes para presenciarlo y que el tiempo no acompañara, pues llovía y hacía fresco. Pero esta visita nos encantó, fue entrañable y original y una de las cosas inolvidables del viaje. No diré que viajéis sólo para verlo, pero si estáis por la zona, os gustará ver su plaza de armas y sus originales murallas.

Mañana seguimos con la zona de Alsacia.




sábado, 8 de agosto de 2015

Ruta por Francia III - Ruán y Costa de Alabastro.

Las siguientes dos noches (tercera y cuarta del viaje) las pasamos cerca de Ruán, capital de Alta Normandía.

El presupuesto de este viaje era ajustadito. Hace años, para mí era importante la categoría del hotel en que me alojaba, así que solía escoger lugares emblemáticos, hoteles con grandes servicios... Algún día haré una pequeña guía de hoteles donde me he alojado en varios viajes, para todos los presupuestos. Pero la verdad es que desde hace algún tiempo, mis prioridades han cambiado y busco sólo un buen lugar para dormir y ducharme, que sea práctico, cómodo y limpio. En este tipo de rutas prácticamente no se pasa tiempo en el hotel y si no hay grandes holguras económicas, considero que es mejor dedicar esos euros ahorrados a una buena comida o una visita interesante.

Entre mis allegados soy popular por encontrar buenos alojamientos por precios ajustados, y es porque buscarlos es una actividad que me apasiona. Tiro mucho de Booking y los criterios que sigo es que el hotel no tenga menos de un 8 de puntuación en las opiniones. Por propia experiencia, ese pequeño "pero" que aparece en alguna crítica, te puede fastidiar una estancia. Es como el lunar que luego se convierte en verruga. Pensad realmente bien en lo que es imprescindible para vosotros, porque una mala noche puede fastidaros un día entero. A mi modo de ver, es preferible un hostal con un 9.5 de puntuación que un hotel de 5 estrellas con un 7. Cabeza de ratón mejor que cola de león. Evidentemente, esto depende del tipo de viaje que queráis hacer. No es lo mismo hacer un road trip que pasar 5 días en la misma ciudad.

Dicho esto, escogimos un hotel de un pueblo de las afueras de Ruán, Val de Reuil: Première Classe Rouen Sud Val de Reuil. Muchos conoceréis esta cadena hotelera, de bajo presupuesto. Este en concreto ofrece lo esencial, muy correcto y sobre todo muy limpio, con parking y wifi gratis. Nos costó 44€ la noche y a pesar de encontrarse a unos 20 minutos de Ruán, compensa el precio.

Ruán es una ciudad de unos cien mil habitantes, bautizada por Stendhal como la "Atenas del gótico". Si os impresiona esta era de la arquitectura tanto como a mí, merece la pena que la visitéis sólo por eso. La catedral de Notre-Dame es simplemente espectacular. Una de las torres es la más alta de los edificios góticos de Francia, con 151 metros. Además, está la Abadía de Saint-Ouen, que podría ser confundida con la catedral, por sus dimensiones y por su altura de 130 metros. Cerca de la catedral se encuentra la iglesia de Saint-Maclou, otro bellísimo ejemplo del gótico. Por si fuera poco, en Ruán se encuentra el edificio gótico no religioso más grande de francia, el Palacio de Justicia, bajo el que está el monumento judío más grande de Europa.

Todo esto sólo en lo referente al gótico (y me dejo algo). También está el famoso Gran Reloj, del siglo XIV, que hace de puente sobre la calle del mismo nombre, bellísimo y en funcionamiento.

Pero esta ciudad, bañada por el Sena en su camino al Atlántico, es también famosa por haber sido el escenario de la muerte de Juana de Arco en la hoguera. En el lugar exacto donde sucedió hay un monumento, junto a una moderna iglesia dedicada a la santa y heroína de Francia. También hay otras edificaciones que fueron testigo de su vida, como el Donjon, una torre que formaba parte de un castillo y donde ella estuvo encerrada.

Por lo demás, las callejuelas están llenas de casas medievales, de dos o tres alturas, con los típicos entramados de madera. Quizás no sea esta una ciudad muy conocida para el turista, porque en Francia, París, la Costa Azul y la Provenza, parecen eclipsar al resto, pero de verdad que merece la pena y no os arrepentiréis de visitarla. Además, está a sólo 135 kms. al noroeste de París.

Callejuelas de Ruán.

A 71 kms. de Ruán camino del mar, se encuentra Fécamp, en la llamada Costa de Alabastro. A ver, en Fécamp, sinceramente pasamos muy poco tiempo, el justo para comer (bueno, no el justo, porque tardaron muchísimo en traernos los platos). El ambiente estaba bastante aburrido y la playa, de guijarros del tamaño de pastillas de jabón La Toja, tampoco era muy espectacular. Tiene varios edificios de interés, que no vimos, pero lo interesante de esta localidad es la costa, los acantilados de impresionante altura, de hasta 120 metros (no alcanzan ni por asomo, los 613 que tienen los de Vivía Herbeira, cerca de San Andrés de Teixido, en Galicia, pero lo digo como dato. No comparemos, que no es de buen gusto).

Para ver esos famosos acantilados y la estampa más llamativa y fotogénica, nos desplazamos a Étretat, otro pueblo costero cercano, a 16 kms. de Fécamp. Lo primero que expresó mi chico al entrar en el centro del pueblo fue: "parece el Parque Warner". Efectivamente, este tiene todo el ambiente que le falta a Fécamp. Está clarísimamente orientado al turismo y es muy mono, como un decorado y con luminosos carteles de tiendas y restaurantes. La playa, también de guijarros, es muy estrecha, pero estaba atestada de gente. Unos con jersey y otros con bañador. Es lo que tienen los 21 grados en la playa, que es cuestión de decidirse por tener calor o frío.

Desde ese pueblo se accede a la cima de los acantilados, desde la que se divisan unas formas geológicas de lo más caprichosas. Si vais, ojo con los niños y con los animales. No hay protección alguna al borde del terreno y la caída no es muy difícil. Especialmente teniendo en cuenta que hay algún que otro resto de barras metálicas oxidadas incrustadas en el suelo, que pueden hacernos tropezar. No sé si ha pasado algo alguna vez allí con algún visitante, voy a buscar en Google.

Pues sí, he buscado y hay bastantes noticias de caídas... algunas son suicidios, eso sí. Uy, no quiero dar una nota dramática a esto, no. Hay que ir, id. Está lleno de turistas y merece la pena, pero sólo os aviso para que tengáis precaución. Es suficiente con no acercarse mucho al borde, de verdad, pero no da nada de miedo y la explanada es enorme, con vaquitas y todo.

Vista de Étretat desde los acantilados.

Monet reflejó este paisaje en sus cuadros. De él hablaremos mañana, en nuestra visita a Giverny en el camino a Rocroi.


jueves, 6 de agosto de 2015

Ruta por Francia II. Las playas del Desembarco de Normandía.

En el post anterior se me olvidó comentar una cosa importante si viajáis en coche por Francia y es lo referente al precio de combustible. La diferencia entre repostar en una u otra gasolinera puede ser (no es una exageración) de 23 céntimos por litro. Mi coche es diésel, así que es el dato que os proporciono. En autopista, las estaciones de servicio suelen ser Total, Avia, Shell o Esso, entre otras. Sus precios por litro varían de una zona del país a otra, pero actualmente oscilan entre 1,29 €/l. y 1.33 €/l. (el gasóleo normal, no suelen tener uno normal y otro plus en todas). En cambio, en cuanto salgáis a carreteras secundarias y a zonas urbanas, el precio baja ostensiblemente, incluso en las mismas marcas de gasolinera, pero lo recomendable, salvo que seáis muy puristas con el tema del combustible, es que busquéis un Intermarché, un E. Leclerc, un Auchan o un Carrefour, cualquier hipermercado, pues allí el precio del gasóleo por litro va de 1.10 a 1,20 €/l.

Muchas gasolineras tienen un horario restringido, pero suelen tener un datáfono incorporado en los surtidores para pagar con tarjeta de pin. Os recomiendo usar una de crédito, pues las de débito a veces son rechazadas.

Para consultar el precio del carburante, sea cual sea el que uséis y dondequiera que vayáis, esta es la página oficial de los precios de carburantes en Francia, donde aparecen todas las gasolineras. Está en francés, pero se entiende bastante bien.

Bien, vamos con la visita turística.

Por la mañanita nos fuimos a Longues-sur-Mer a ver las baterías alemanas. Los más enteradillos sabréis que no estoy hablando de las Müller, porque esas son para cocinar. Estas eran para freír, pero para freír a los barcos aliados a cañonazos. Formaba parte del Muro Atlántico de la defensa alemana. Quedan las 4 originales, entre las playas de Omaha y Gold, aunque cada una con diversos daños. Es muy interesante visitarlo. Se puede aparcar junto a una oficina de turismo y la entrada es gratuita. Salvo que os encante recrearos, en una media hora o 40 minutos lo habréis visto con calma. Más información, aquí: Baterías alemanas de Longues-sur-Mer.

Después, nos acercamos a Arromanches-les-Bains, que está al ladito de Longues. Al llegar a ese pueblecito costero, pequeño, pero de construcciones bonitas y cuidadas, parece imposible imaginar el aspecto que presentaba en junio de 1944. Es la principal localidad de la playa Gold, donde desembarcaron los británicos y donde se construyó el impresionante puerto artificial para transportar armamento, entre otras cosas, desde los barcos a la playa. Se conservan varias piezas de aquel puerto artificial, justo en el lugar donde se construyeron, pero ahora pobladas de moluscos y algas. Otorgan un aire extraño a la playa y resultan de lo más fotogénico, aunque ponen los pelos de punta...

Restos del puerto artificial de la playa Gold.

En Arromanches hay también un museo dedicado al desembarco, pero encontramos más interesante y curiosa una tiendecita de piezas antiguas y originales de la época. Vendían cascos de soldados aliados y alemanes, insignias, casquillos, abrigos, botas, máscaras antigás, pistolas, paquetes de tabaco, tubitos de morfina inyectable. Lo que se os ocurra. Precios algo inalcanzables, pero perfectos para coleccionistas y apasionados del tema. Por ejemplo, un casco alemán, unos 700€. Esta es su página web: Arromanches Militaria.

La siguiente parada fue Colleville-sur-Mer, para visitar el archiconocido cementerio americano, situado cerca de la playa de Omaha. La primera impresión que me dio al llegar allí es que estábamos en Estados Unidos. Su disposición, en cierto modo, puede recordar a la explanada del Mall de Washington, entre el Capitolio y el Monumento a Lincoln. Es un terreno cedido por Francia en perpetuidad a Estados Unidos, gobierno por el que es administrado. Allí hay enterrados más de nueve mil soldados caídos en la II Guerra Mundial, bajo cruces y estrellas de David blancas, con el nombre del soldado, el estado de nacimiento y la fecha de fallecimiento. En el caso de los soldados desconocidos figura la inscripción: "Here rests in honored glory a comrade in arms, known but to God" ("Aquí descansa con honor y gloria un camarada de armas, conocido sólo por Dios"). Todo el recinto da una sensación de homenaje, de respeto, pero con la solemnidad que los americanos dan a todos sus actos. Es grandilocuente pero austero. Sorprende ver a mucha gente trabajando en él, especialmente jardineros, que mantienen el césped inmaculado y las flores perfectamente cuidadas. 

Había muchos turistas visitándolo, lógicamente muchos de ellos americanos. La entrada es gratuita y dispone de gran cantidad de aparcamiento.

Después nos desplazamos más al oeste, para visitar el Pointe du Hoc. Se trata de una zona sobre un acantilado en el que los Rangers libraron una batalla bastante dura contra los alemanes para hacerse con la artillería que éstos habían situado allí. Impresiona la gran cantidad de cráteres de enorme tamaño que produjeron los bombardeos aliados previos al ataque por tierra. También quedan restos de baterías y de búnkers, a los que se puede acceder libremente. En las paredes aún perduran cientos de balazos. También hay restos de alambradas. La entrada es libre y gratuita y, el día que fuimos había infinidad de turistas. A estos sitios es aconsejable ir a partir de las 6 de la tarde, hora que parece muy tardía para el resto de Europa, que ya están preparándose para cenar.

A continuación nos dirigimos al cementerio alemán, en La Cambe. A pesar de acoger las tumbas de más de 21.000 militares alemanes, es muchísimo más pequeño que el americano. Antes de entrar hay dos cámaras que contienen información sobre el sitio y una de las cosas que más llamaron mi atención fue que hacían especial hincapié en que muchos de esos soldados murieron por una causa en la que no creían. Para mí es esencial tener este hecho en cuenta, porque no se trata de un cementerio exclusivamente nazi. El ambiente de este lugar es completamente distinto al americano. A mí personalmente me transmitió una mezcla de tristeza y vergüenza. Se inauguró en 1961. Bajo cada cruz, situada a modo de baldosa en el suelo, yace un mínimo de dos soldados. En ellas pone el nombre, el grado militar y las fechas de nacimiento y muerte. Hombres de todas las edades, algunos sorprendentemente jóvenes y otros sorprendentemente mayores. Si el soldado es desconocido, simplemente pone: "Ein deutscher Soldat" o "Zwei deutsche Soldaten" ("Un soldado alemán" o "Dos soldados alemanes"). Frase que contrasta enormemente con la inscripción de las cruces americanas. Fue una de las visitas que más me gustó. Y apenas había turistas allí...

Para acabar el día nos fuimos a la playa de Omaha. En julio anochece muy tarde en Normandía. No es noche cerrada hasta casi las 23:30. Llegamos a la playa sobre las nueve de la noche, poco antes del atardecer. Cuando la marea está alta, la Playa de Omaha tiene poco más de 30 metros hasta la orilla, pero llegamos con la marea baja y según lo que he podido comprobar, la distancia de la entrada de la playa a la línea del mar es de hasta 274 metros. Pensábamos que exagerábamos cuando calculamos que serían unos 200 metros, pero resulta que no. Fue precisamente esa enorme anchura la que costó la vida de tantos americanos en el desembarco. Tiene 8 kilómetros de larga y no es la más grande de las cinco playas del desembarco. Verla al atardecer, sin turistas (apenas 10 personas en lo que alcanzaba la vista), fue un momento de esos para recordar. Aunque allí no hubiera pasado nada en toda su historia, la visita merecería la pena igual, por la impresionante belleza del entorno. Si vais, procurad evitar la mañana y las horas de marea baja, porque se llena de visitantes y de bañistas.

A la mañana siguiente emprendimos ruta hacia el interior de Normandía, hacia el noreste, para visitar Ruán, pero por el camino paramos a ver el Pegasus Bridge, puente protagonista de una importante y estratégica victoria británica. Se encuentra dentro de un museo, el Memorial Pegasus. La entrada cuesta 7€ para los adultos y, aparte del puente, contiene interesante material, especialmente del ejército británico.

La comida la disfrutamos en Honfleur, un precioso y curiosísimo pueblo pesquero muy atractivo para el turismo. La arquitectura es muy llamativa: casas muy estrechas, prácticamente apoyadas unas junto a otras, sobre el puerto y pequeños edificios medievales, renacentistas, barrocos y románticos compartiendo acera en la misma calle. Otro lugar perfecto para unas moules frites, o para tomar un kir, cóctel típico francés compuesto por vino blanco y licor de cassis, una especie de arándano negro. Si la mezcla es con champán, se llama kir royal y a mí personalmente me gusta más por el toque burbujeante. Lo sirven de aperitivo. Si allí veis en la carta "aperitifs", esperad un licor, no como yo, que la primera vez pensé que me iban a traer unas aceitunas. El precio ronda los 6€.

Ración de moules frites.

Esa zona de Normandía da para muchísimo más, sobre todo para los interesados en la historia. Hay multitud de museos y memoriales. Además, las ciudades de Bayeux y de Caen (que pude visitar en un viaje previo) tienen un gran interés artístico.

Mañana continuamos con Ruán y los acantilados de Étretat.

Ruta por Francia I. De camino a Normandía.

No sé la de tiempo que llevo sin escribir aquí. Falta de inspiración, quizá desgana... Pero hoy lo retomo para contaros cosas sobre mi reciente viaje a Francia. No va a ser algo tipo resumen de cole de "qué hiciste en vacaciones", sino más bien describir los sitios que visitamos e incluir recomendaciones, indicaciones, precios, curiosidades... algo que os pueda ser práctico en caso de que vayáis por alguna de las zonas a las que fuimos o incluso que os pueda animar a ir.

He de confesar que soy un poco francófila. Esta era la decimoquinta vez que iba al país vecino. Seis de esas ocasiones fueron por trabajo, a Cannes, pero el resto, de turisteo.

Este primer artículo está dedicado a nuestro camino hasta las playas de Normandía.

Día 1, de camino a Burdeos.

Desde Madrid hay 692 kms. hasta Burdeos, por la A1 y la A63 e incluye tramos de peaje (20€ en total). Vía Michelin estima que se tarda 7 horas y 40 minutos, pero lo encuentro un poco exagerado. Contad unas 7 horas como mucho, es prácticamente todo autopista.

Si vais desde Barcelona, el trayecto es más corto (636 kms. por la A61 y A62), pero sensiblemente más caro (55,80€ de peajes).

En esta ocasión no visitamos Burdeos porque ambos lo conocíamos, así que fuimos a visitar un sitio muy curioso: la duna de Pilat. Se trata de una descomunal duna de nada menos que 107 metros de altura, que ocupa 2,7 kms. de costa y forma parte del Parque Natural de las Landas de Gascuña. Se encuentra a 73 kms. de Burdeos y la entrada es gratuita, pero si vas en coche, el parking es gratis si estás menos de media hora (complicado), cuesta 4€ si estás menos de 4 horas y 6€ si estás más tiempo.

Es un sitio insólito y espectacular. Para subir a la cima hay una escalera de 154 escalones que merece la pena trepar. Las vistas son impresionantes. Esta es la página oficial del sitio, con toda la información que necesitéis, disponible en español: Duna de Pilat.

A 13 kms. de la duna se encuentra la localidad de Arcachon. Es un pueblo costero que da nombre a toda la bahía. Tiene multitud de terracitas y ambiente familiar. Se nota que es un lugar de veraneo habitual de los franceses. Allí vimos el atardecer, desde un muelle casi hecho a propósito para ver cómo se esconde el sol.


Y llegó la hora de dormir. Reservamos en un curioso hotel, L'Escadrille, cerca del aeropuerto de Burdeos-Mérignac. Está situado en una zona de empresas, hoteles y restaurantes. Es un hotel de paso, pero con un toque muy original. Su dueño tiene una inmensa colección de piezas relacionadas con la aviación, el fútbol, Star Wars, piezas de Lego y multitud de cosas relacionadas con pelis de ciencia-ficción. La habitación era pequeña, pero correcta y coqueta. Tiene aire acondicionado, tele y parking privado gratuito. Es muy barato (47€ la noche, sin desayuno). El hándicap que tiene es que el baño no tiene nada de privacidad, ya que la puerta es de rejilla y se ve TODO, así que más vale ir con alguien de absoluta confianza. La ducha no tiene puerta y el suelo se moja... vamos, que no es de lujo, pero está limpio. Si no sois tiquismiquis, os vale para una noche.

Una muestra del hotel.

Habitación de L'Escadrille.

Día 2, ruta hasta Normandía.

A la mañana siguiente, salimos tempranito para Normandía, pero paramos en La Rochelle. Se encuentra en la costa, a 181 kms. de Burdeos. Es una localidad con un interesante casco viejo y varias torres características, de los siglos XIV y XV. Su puerto de ocio es el segundo de Francia en importancia. Si coméis por allí, como hicimos nosotros, podéis probar una especialidad francesa, la moules frites, que no es otra cosa que una cazuela de mejillones (a la marinera o con salsas de curry o de queso), acompañadas de patatas fritas. Suelen servir raciones abundantes y se pueden encontrar en casi cualquier localidad francesa, especialmente si está cerca de la costa. Su precio oscila entre los 10€ y los 14€. Si no sois de mucho comer, podéis compartir la ración (no fue nuestro caso...).

Tras unos cuantos avatares en nuestro camino a Normandía, debidos a una movilización de agricultores y ganaderos, que cortaron con sus camiones todos los accesos a Caen (ya sabemos que el francés cuando protesta, protesta de verdad, como la española cuando besa), llegamos a nuestro alojamiento para las dos noches siguientes.

Elegimos Commes como centro de operaciones. Se trata de un pueblo o, más bien, una pedanía, muy cercana a Bayeux, e ideal para visitar todas las playas del desembarco, a sólo 10 kms. de Omaha Beach y a 9,5 de Arromanches.

Nos alojamos en un sitio llamado Chambre d'Hôte La Mer. Se trata de un chalet cuyos dueños lo han habilitado para alquilar habitaciones con baño privado. La nuestra era una monada, abuhardillada y espaciosa. Costaba 60€ la noche con desayuno (fantástico) incluido. El aparcamiento es gratis y tiene wifi. Los dueños son majísimos, pero no hablan otro idioma que el francés, pero como chapurreo un poco, no resultó complicado. Si no sabéis nada de francés, os entenderéis igualmente. Se puede entrar y salir libremente de la casa y casi nunca nos encontramos con nadie, así que hay mucha privacidad. Todas las reservas del viaje las hicimos en Booking.

Parte de la habitación de La Mer.

Mañana continuaré contando nuestra visita a las playas del desembarco de Normandía, que os recomiendo encarecidamente, no sólo si sois amantes de la historia, sino también por sus impresionantes paisajes y sus bonitos pueblos.

martes, 23 de diciembre de 2014

Tres semanas al año.

La verdad es que hasta hace bien poco pensaba que nunca sería capaz de pensar como pienso ahora acerca de la Navidad. Los que me conocéis, sabéis que aprecio mucho mi parte infantil, que me gusta ver las cosas con optimismo, que sigue gustándome jugar y no tomarme las cosas demasiado en serio... Pero en esto, creo que ya he dejado de ser una niña.

Dicen que la Navidad con niños es otra cosa. No sé si algún día podré comprobarlo. En mi familia no hay niños. Ni siquiera jóvenes o adolescentes y no sé si en un futuro tendré un hijo o un sobrino, así que la mía es una Navidad de adultos.

Y son tres semanas que duelen cuando falta alguien. Tres semanas en las que el cuerpo no te pide celebrar... y en cambio sería peor no reunirse a hacerlo, aunque sea sin grandes alharacas.

A mi edad ya conozco a mucha gente que piensa como yo. Gente para la que la Navidad es dura, a veces incluso cruel. Los anuncios, las luces de las calles, el espumillón, las ofertas... nada respeta el dolor que algunas personas sienten y que miran todo ese espectáculo como si estuviera sucediendo en otro planeta. Porque no es una época cualquiera. Ese contraste hace que las cosas que faltan, se echen mucho más en falta... y no digamos ya cuando lo que falta no son cosas, sino personas.

A los que aún la vivís con la misma ilusión de un niño en la noche de Reyes, os deseo una muy feliz Navidad, de todo corazón... y que nada ni nadie os empañe esa alegría.

Y a los que, como yo, estáis deseando que pasen lo antes posible... os deseo que os rodeéis de todo el calor de los que están, que disfrutéis cada sonrisa, cada abrazo, porque ahora, quizás, se necesitan más que nunca. Y tal vez algún día volvamos a sentir la magia que perdimos, cuando menos lo esperemos.