De dónde sale esto.

En mayo de 2009, fui a Los Ángeles en un viaje de trabajo. Se trataba de asistir a un evento anual al que sólo suelen ir los grandes jefes de ciertas empresas, pero ese año, un "gran jefe" no pudo ir y fui yo, una doña nadie. El blog nació sólo como una forma diferente y barata de comunicarme con mi familia y amigos mientras estaba allí, a 9 horas de distancia temporal. Pero luego, le cogí el gustillo y, aunque ya no estoy allí, sino en Madrid, considero que nuestras vidas son unas grandes súper producciones y que yo, al fin y al cabo, sigo siendo una doña nadie en Hollywood.

sábado, 8 de agosto de 2015

Ruta por Francia III - Ruán y Costa de Alabastro.

Las siguientes dos noches (tercera y cuarta del viaje) las pasamos cerca de Ruán, capital de Alta Normandía.

El presupuesto de este viaje era ajustadito. Hace años, para mí era importante la categoría del hotel en que me alojaba, así que solía escoger lugares emblemáticos, hoteles con grandes servicios... Algún día haré una pequeña guía de hoteles donde me he alojado en varios viajes, para todos los presupuestos. Pero la verdad es que desde hace algún tiempo, mis prioridades han cambiado y busco sólo un buen lugar para dormir y ducharme, que sea práctico, cómodo y limpio. En este tipo de rutas prácticamente no se pasa tiempo en el hotel y si no hay grandes holguras económicas, considero que es mejor dedicar esos euros ahorrados a una buena comida o una visita interesante.

Entre mis allegados soy popular por encontrar buenos alojamientos por precios ajustados, y es porque buscarlos es una actividad que me apasiona. Tiro mucho de Booking y los criterios que sigo es que el hotel no tenga menos de un 8 de puntuación en las opiniones. Por propia experiencia, ese pequeño "pero" que aparece en alguna crítica, te puede fastidiar una estancia. Es como el lunar que luego se convierte en verruga. Pensad realmente bien en lo que es imprescindible para vosotros, porque una mala noche puede fastidaros un día entero. A mi modo de ver, es preferible un hostal con un 9.5 de puntuación que un hotel de 5 estrellas con un 7. Cabeza de ratón mejor que cola de león. Evidentemente, esto depende del tipo de viaje que queráis hacer. No es lo mismo hacer un road trip que pasar 5 días en la misma ciudad.

Dicho esto, escogimos un hotel de un pueblo de las afueras de Ruán, Val de Reuil: Première Classe Rouen Sud Val de Reuil. Muchos conoceréis esta cadena hotelera, de bajo presupuesto. Este en concreto ofrece lo esencial, muy correcto y sobre todo muy limpio, con parking y wifi gratis. Nos costó 44€ la noche y a pesar de encontrarse a unos 20 minutos de Ruán, compensa el precio.

Ruán es una ciudad de unos cien mil habitantes, bautizada por Stendhal como la "Atenas del gótico". Si os impresiona esta era de la arquitectura tanto como a mí, merece la pena que la visitéis sólo por eso. La catedral de Notre-Dame es simplemente espectacular. Una de las torres es la más alta de los edificios góticos de Francia, con 151 metros. Además, está la Abadía de Saint-Ouen, que podría ser confundida con la catedral, por sus dimensiones y por su altura de 130 metros. Cerca de la catedral se encuentra la iglesia de Saint-Maclou, otro bellísimo ejemplo del gótico. Por si fuera poco, en Ruán se encuentra el edificio gótico no religioso más grande de francia, el Palacio de Justicia, bajo el que está el monumento judío más grande de Europa.

Todo esto sólo en lo referente al gótico (y me dejo algo). También está el famoso Gran Reloj, del siglo XIV, que hace de puente sobre la calle del mismo nombre, bellísimo y en funcionamiento.

Pero esta ciudad, bañada por el Sena en su camino al Atlántico, es también famosa por haber sido el escenario de la muerte de Juana de Arco en la hoguera. En el lugar exacto donde sucedió hay un monumento, junto a una moderna iglesia dedicada a la santa y heroína de Francia. También hay otras edificaciones que fueron testigo de su vida, como el Donjon, una torre que formaba parte de un castillo y donde ella estuvo encerrada.

Por lo demás, las callejuelas están llenas de casas medievales, de dos o tres alturas, con los típicos entramados de madera. Quizás no sea esta una ciudad muy conocida para el turista, porque en Francia, París, la Costa Azul y la Provenza, parecen eclipsar al resto, pero de verdad que merece la pena y no os arrepentiréis de visitarla. Además, está a sólo 135 kms. al noroeste de París.

Callejuelas de Ruán.

A 71 kms. de Ruán camino del mar, se encuentra Fécamp, en la llamada Costa de Alabastro. A ver, en Fécamp, sinceramente pasamos muy poco tiempo, el justo para comer (bueno, no el justo, porque tardaron muchísimo en traernos los platos). El ambiente estaba bastante aburrido y la playa, de guijarros del tamaño de pastillas de jabón La Toja, tampoco era muy espectacular. Tiene varios edificios de interés, que no vimos, pero lo interesante de esta localidad es la costa, los acantilados de impresionante altura, de hasta 120 metros (no alcanzan ni por asomo, los 613 que tienen los de Vivía Herbeira, cerca de San Andrés de Teixido, en Galicia, pero lo digo como dato. No comparemos, que no es de buen gusto).

Para ver esos famosos acantilados y la estampa más llamativa y fotogénica, nos desplazamos a Étretat, otro pueblo costero cercano, a 16 kms. de Fécamp. Lo primero que expresó mi chico al entrar en el centro del pueblo fue: "parece el Parque Warner". Efectivamente, este tiene todo el ambiente que le falta a Fécamp. Está clarísimamente orientado al turismo y es muy mono, como un decorado y con luminosos carteles de tiendas y restaurantes. La playa, también de guijarros, es muy estrecha, pero estaba atestada de gente. Unos con jersey y otros con bañador. Es lo que tienen los 21 grados en la playa, que es cuestión de decidirse por tener calor o frío.

Desde ese pueblo se accede a la cima de los acantilados, desde la que se divisan unas formas geológicas de lo más caprichosas. Si vais, ojo con los niños y con los animales. No hay protección alguna al borde del terreno y la caída no es muy difícil. Especialmente teniendo en cuenta que hay algún que otro resto de barras metálicas oxidadas incrustadas en el suelo, que pueden hacernos tropezar. No sé si ha pasado algo alguna vez allí con algún visitante, voy a buscar en Google.

Pues sí, he buscado y hay bastantes noticias de caídas... algunas son suicidios, eso sí. Uy, no quiero dar una nota dramática a esto, no. Hay que ir, id. Está lleno de turistas y merece la pena, pero sólo os aviso para que tengáis precaución. Es suficiente con no acercarse mucho al borde, de verdad, pero no da nada de miedo y la explanada es enorme, con vaquitas y todo.

Vista de Étretat desde los acantilados.

Monet reflejó este paisaje en sus cuadros. De él hablaremos mañana, en nuestra visita a Giverny en el camino a Rocroi.


jueves, 6 de agosto de 2015

Ruta por Francia II. Las playas del Desembarco de Normandía.

En el post anterior se me olvidó comentar una cosa importante si viajáis en coche por Francia y es lo referente al precio de combustible. La diferencia entre repostar en una u otra gasolinera puede ser (no es una exageración) de 23 céntimos por litro. Mi coche es diésel, así que es el dato que os proporciono. En autopista, las estaciones de servicio suelen ser Total, Avia, Shell o Esso, entre otras. Sus precios por litro varían de una zona del país a otra, pero actualmente oscilan entre 1,29 €/l. y 1.33 €/l. (el gasóleo normal, no suelen tener uno normal y otro plus en todas). En cambio, en cuanto salgáis a carreteras secundarias y a zonas urbanas, el precio baja ostensiblemente, incluso en las mismas marcas de gasolinera, pero lo recomendable, salvo que seáis muy puristas con el tema del combustible, es que busquéis un Intermarché, un E. Leclerc, un Auchan o un Carrefour, cualquier hipermercado, pues allí el precio del gasóleo por litro va de 1.10 a 1,20 €/l.

Muchas gasolineras tienen un horario restringido, pero suelen tener un datáfono incorporado en los surtidores para pagar con tarjeta de pin. Os recomiendo usar una de crédito, pues las de débito a veces son rechazadas.

Para consultar el precio del carburante, sea cual sea el que uséis y dondequiera que vayáis, esta es la página oficial de los precios de carburantes en Francia, donde aparecen todas las gasolineras. Está en francés, pero se entiende bastante bien.

Bien, vamos con la visita turística.

Por la mañanita nos fuimos a Longues-sur-Mer a ver las baterías alemanas. Los más enteradillos sabréis que no estoy hablando de las Müller, porque esas son para cocinar. Estas eran para freír, pero para freír a los barcos aliados a cañonazos. Formaba parte del Muro Atlántico de la defensa alemana. Quedan las 4 originales, entre las playas de Omaha y Gold, aunque cada una con diversos daños. Es muy interesante visitarlo. Se puede aparcar junto a una oficina de turismo y la entrada es gratuita. Salvo que os encante recrearos, en una media hora o 40 minutos lo habréis visto con calma. Más información, aquí: Baterías alemanas de Longues-sur-Mer.

Después, nos acercamos a Arromanches-les-Bains, que está al ladito de Longues. Al llegar a ese pueblecito costero, pequeño, pero de construcciones bonitas y cuidadas, parece imposible imaginar el aspecto que presentaba en junio de 1944. Es la principal localidad de la playa Gold, donde desembarcaron los británicos y donde se construyó el impresionante puerto artificial para transportar armamento, entre otras cosas, desde los barcos a la playa. Se conservan varias piezas de aquel puerto artificial, justo en el lugar donde se construyeron, pero ahora pobladas de moluscos y algas. Otorgan un aire extraño a la playa y resultan de lo más fotogénico, aunque ponen los pelos de punta...

Restos del puerto artificial de la playa Gold.

En Arromanches hay también un museo dedicado al desembarco, pero encontramos más interesante y curiosa una tiendecita de piezas antiguas y originales de la época. Vendían cascos de soldados aliados y alemanes, insignias, casquillos, abrigos, botas, máscaras antigás, pistolas, paquetes de tabaco, tubitos de morfina inyectable. Lo que se os ocurra. Precios algo inalcanzables, pero perfectos para coleccionistas y apasionados del tema. Por ejemplo, un casco alemán, unos 700€. Esta es su página web: Arromanches Militaria.

La siguiente parada fue Colleville-sur-Mer, para visitar el archiconocido cementerio americano, situado cerca de la playa de Omaha. La primera impresión que me dio al llegar allí es que estábamos en Estados Unidos. Su disposición, en cierto modo, puede recordar a la explanada del Mall de Washington, entre el Capitolio y el Monumento a Lincoln. Es un terreno cedido por Francia en perpetuidad a Estados Unidos, gobierno por el que es administrado. Allí hay enterrados más de nueve mil soldados caídos en la II Guerra Mundial, bajo cruces y estrellas de David blancas, con el nombre del soldado, el estado de nacimiento y la fecha de fallecimiento. En el caso de los soldados desconocidos figura la inscripción: "Here rests in honored glory a comrade in arms, known but to God" ("Aquí descansa con honor y gloria un camarada de armas, conocido sólo por Dios"). Todo el recinto da una sensación de homenaje, de respeto, pero con la solemnidad que los americanos dan a todos sus actos. Es grandilocuente pero austero. Sorprende ver a mucha gente trabajando en él, especialmente jardineros, que mantienen el césped inmaculado y las flores perfectamente cuidadas. 

Había muchos turistas visitándolo, lógicamente muchos de ellos americanos. La entrada es gratuita y dispone de gran cantidad de aparcamiento.

Después nos desplazamos más al oeste, para visitar el Pointe du Hoc. Se trata de una zona sobre un acantilado en el que los Rangers libraron una batalla bastante dura contra los alemanes para hacerse con la artillería que éstos habían situado allí. Impresiona la gran cantidad de cráteres de enorme tamaño que produjeron los bombardeos aliados previos al ataque por tierra. También quedan restos de baterías y de búnkers, a los que se puede acceder libremente. En las paredes aún perduran cientos de balazos. También hay restos de alambradas. La entrada es libre y gratuita y, el día que fuimos había infinidad de turistas. A estos sitios es aconsejable ir a partir de las 6 de la tarde, hora que parece muy tardía para el resto de Europa, que ya están preparándose para cenar.

A continuación nos dirigimos al cementerio alemán, en La Cambe. A pesar de acoger las tumbas de más de 21.000 militares alemanes, es muchísimo más pequeño que el americano. Antes de entrar hay dos cámaras que contienen información sobre el sitio y una de las cosas que más llamaron mi atención fue que hacían especial hincapié en que muchos de esos soldados murieron por una causa en la que no creían. Para mí es esencial tener este hecho en cuenta, porque no se trata de un cementerio exclusivamente nazi. El ambiente de este lugar es completamente distinto al americano. A mí personalmente me transmitió una mezcla de tristeza y vergüenza. Se inauguró en 1961. Bajo cada cruz, situada a modo de baldosa en el suelo, yace un mínimo de dos soldados. En ellas pone el nombre, el grado militar y las fechas de nacimiento y muerte. Hombres de todas las edades, algunos sorprendentemente jóvenes y otros sorprendentemente mayores. Si el soldado es desconocido, simplemente pone: "Ein deutscher Soldat" o "Zwei deutsche Soldaten" ("Un soldado alemán" o "Dos soldados alemanes"). Frase que contrasta enormemente con la inscripción de las cruces americanas. Fue una de las visitas que más me gustó. Y apenas había turistas allí...

Para acabar el día nos fuimos a la playa de Omaha. En julio anochece muy tarde en Normandía. No es noche cerrada hasta casi las 23:30. Llegamos a la playa sobre las nueve de la noche, poco antes del atardecer. Cuando la marea está alta, la Playa de Omaha tiene poco más de 30 metros hasta la orilla, pero llegamos con la marea baja y según lo que he podido comprobar, la distancia de la entrada de la playa a la línea del mar es de hasta 274 metros. Pensábamos que exagerábamos cuando calculamos que serían unos 200 metros, pero resulta que no. Fue precisamente esa enorme anchura la que costó la vida de tantos americanos en el desembarco. Tiene 8 kilómetros de larga y no es la más grande de las cinco playas del desembarco. Verla al atardecer, sin turistas (apenas 10 personas en lo que alcanzaba la vista), fue un momento de esos para recordar. Aunque allí no hubiera pasado nada en toda su historia, la visita merecería la pena igual, por la impresionante belleza del entorno. Si vais, procurad evitar la mañana y las horas de marea baja, porque se llena de visitantes y de bañistas.

A la mañana siguiente emprendimos ruta hacia el interior de Normandía, hacia el noreste, para visitar Ruán, pero por el camino paramos a ver el Pegasus Bridge, puente protagonista de una importante y estratégica victoria británica. Se encuentra dentro de un museo, el Memorial Pegasus. La entrada cuesta 7€ para los adultos y, aparte del puente, contiene interesante material, especialmente del ejército británico.

La comida la disfrutamos en Honfleur, un precioso y curiosísimo pueblo pesquero muy atractivo para el turismo. La arquitectura es muy llamativa: casas muy estrechas, prácticamente apoyadas unas junto a otras, sobre el puerto y pequeños edificios medievales, renacentistas, barrocos y románticos compartiendo acera en la misma calle. Otro lugar perfecto para unas moules frites, o para tomar un kir, cóctel típico francés compuesto por vino blanco y licor de cassis, una especie de arándano negro. Si la mezcla es con champán, se llama kir royal y a mí personalmente me gusta más por el toque burbujeante. Lo sirven de aperitivo. Si allí veis en la carta "aperitifs", esperad un licor, no como yo, que la primera vez pensé que me iban a traer unas aceitunas. El precio ronda los 6€.

Ración de moules frites.

Esa zona de Normandía da para muchísimo más, sobre todo para los interesados en la historia. Hay multitud de museos y memoriales. Además, las ciudades de Bayeux y de Caen (que pude visitar en un viaje previo) tienen un gran interés artístico.

Mañana continuamos con Ruán y los acantilados de Étretat.

Ruta por Francia I. De camino a Normandía.

No sé la de tiempo que llevo sin escribir aquí. Falta de inspiración, quizá desgana... Pero hoy lo retomo para contaros cosas sobre mi reciente viaje a Francia. No va a ser algo tipo resumen de cole de "qué hiciste en vacaciones", sino más bien describir los sitios que visitamos e incluir recomendaciones, indicaciones, precios, curiosidades... algo que os pueda ser práctico en caso de que vayáis por alguna de las zonas a las que fuimos o incluso que os pueda animar a ir.

He de confesar que soy un poco francófila. Esta era la decimoquinta vez que iba al país vecino. Seis de esas ocasiones fueron por trabajo, a Cannes, pero el resto, de turisteo.

Este primer artículo está dedicado a nuestro camino hasta las playas de Normandía.

Día 1, de camino a Burdeos.

Desde Madrid hay 692 kms. hasta Burdeos, por la A1 y la A63 e incluye tramos de peaje (20€ en total). Vía Michelin estima que se tarda 7 horas y 40 minutos, pero lo encuentro un poco exagerado. Contad unas 7 horas como mucho, es prácticamente todo autopista.

Si vais desde Barcelona, el trayecto es más corto (636 kms. por la A61 y A62), pero sensiblemente más caro (55,80€ de peajes).

En esta ocasión no visitamos Burdeos porque ambos lo conocíamos, así que fuimos a visitar un sitio muy curioso: la duna de Pilat. Se trata de una descomunal duna de nada menos que 107 metros de altura, que ocupa 2,7 kms. de costa y forma parte del Parque Natural de las Landas de Gascuña. Se encuentra a 73 kms. de Burdeos y la entrada es gratuita, pero si vas en coche, el parking es gratis si estás menos de media hora (complicado), cuesta 4€ si estás menos de 4 horas y 6€ si estás más tiempo.

Es un sitio insólito y espectacular. Para subir a la cima hay una escalera de 154 escalones que merece la pena trepar. Las vistas son impresionantes. Esta es la página oficial del sitio, con toda la información que necesitéis, disponible en español: Duna de Pilat.

A 13 kms. de la duna se encuentra la localidad de Arcachon. Es un pueblo costero que da nombre a toda la bahía. Tiene multitud de terracitas y ambiente familiar. Se nota que es un lugar de veraneo habitual de los franceses. Allí vimos el atardecer, desde un muelle casi hecho a propósito para ver cómo se esconde el sol.


Y llegó la hora de dormir. Reservamos en un curioso hotel, L'Escadrille, cerca del aeropuerto de Burdeos-Mérignac. Está situado en una zona de empresas, hoteles y restaurantes. Es un hotel de paso, pero con un toque muy original. Su dueño tiene una inmensa colección de piezas relacionadas con la aviación, el fútbol, Star Wars, piezas de Lego y multitud de cosas relacionadas con pelis de ciencia-ficción. La habitación era pequeña, pero correcta y coqueta. Tiene aire acondicionado, tele y parking privado gratuito. Es muy barato (47€ la noche, sin desayuno). El hándicap que tiene es que el baño no tiene nada de privacidad, ya que la puerta es de rejilla y se ve TODO, así que más vale ir con alguien de absoluta confianza. La ducha no tiene puerta y el suelo se moja... vamos, que no es de lujo, pero está limpio. Si no sois tiquismiquis, os vale para una noche.

Una muestra del hotel.

Habitación de L'Escadrille.

Día 2, ruta hasta Normandía.

A la mañana siguiente, salimos tempranito para Normandía, pero paramos en La Rochelle. Se encuentra en la costa, a 181 kms. de Burdeos. Es una localidad con un interesante casco viejo y varias torres características, de los siglos XIV y XV. Su puerto de ocio es el segundo de Francia en importancia. Si coméis por allí, como hicimos nosotros, podéis probar una especialidad francesa, la moules frites, que no es otra cosa que una cazuela de mejillones (a la marinera o con salsas de curry o de queso), acompañadas de patatas fritas. Suelen servir raciones abundantes y se pueden encontrar en casi cualquier localidad francesa, especialmente si está cerca de la costa. Su precio oscila entre los 10€ y los 14€. Si no sois de mucho comer, podéis compartir la ración (no fue nuestro caso...).

Tras unos cuantos avatares en nuestro camino a Normandía, debidos a una movilización de agricultores y ganaderos, que cortaron con sus camiones todos los accesos a Caen (ya sabemos que el francés cuando protesta, protesta de verdad, como la española cuando besa), llegamos a nuestro alojamiento para las dos noches siguientes.

Elegimos Commes como centro de operaciones. Se trata de un pueblo o, más bien, una pedanía, muy cercana a Bayeux, e ideal para visitar todas las playas del desembarco, a sólo 10 kms. de Omaha Beach y a 9,5 de Arromanches.

Nos alojamos en un sitio llamado Chambre d'Hôte La Mer. Se trata de un chalet cuyos dueños lo han habilitado para alquilar habitaciones con baño privado. La nuestra era una monada, abuhardillada y espaciosa. Costaba 60€ la noche con desayuno (fantástico) incluido. El aparcamiento es gratis y tiene wifi. Los dueños son majísimos, pero no hablan otro idioma que el francés, pero como chapurreo un poco, no resultó complicado. Si no sabéis nada de francés, os entenderéis igualmente. Se puede entrar y salir libremente de la casa y casi nunca nos encontramos con nadie, así que hay mucha privacidad. Todas las reservas del viaje las hicimos en Booking.

Parte de la habitación de La Mer.

Mañana continuaré contando nuestra visita a las playas del desembarco de Normandía, que os recomiendo encarecidamente, no sólo si sois amantes de la historia, sino también por sus impresionantes paisajes y sus bonitos pueblos.

martes, 23 de diciembre de 2014

Tres semanas al año.

La verdad es que hasta hace bien poco pensaba que nunca sería capaz de pensar como pienso ahora acerca de la Navidad. Los que me conocéis, sabéis que aprecio mucho mi parte infantil, que me gusta ver las cosas con optimismo, que sigue gustándome jugar y no tomarme las cosas demasiado en serio... Pero en esto, creo que ya he dejado de ser una niña.

Dicen que la Navidad con niños es otra cosa. No sé si algún día podré comprobarlo. En mi familia no hay niños. Ni siquiera jóvenes o adolescentes y no sé si en un futuro tendré un hijo o un sobrino, así que la mía es una Navidad de adultos.

Y son tres semanas que duelen cuando falta alguien. Tres semanas en las que el cuerpo no te pide celebrar... y en cambio sería peor no reunirse a hacerlo, aunque sea sin grandes alharacas.

A mi edad ya conozco a mucha gente que piensa como yo. Gente para la que la Navidad es dura, a veces incluso cruel. Los anuncios, las luces de las calles, el espumillón, las ofertas... nada respeta el dolor que algunas personas sienten y que miran todo ese espectáculo como si estuviera sucediendo en otro planeta. Porque no es una época cualquiera. Ese contraste hace que las cosas que faltan, se echen mucho más en falta... y no digamos ya cuando lo que falta no son cosas, sino personas.

A los que aún la vivís con la misma ilusión de un niño en la noche de Reyes, os deseo una muy feliz Navidad, de todo corazón... y que nada ni nadie os empañe esa alegría.

Y a los que, como yo, estáis deseando que pasen lo antes posible... os deseo que os rodeéis de todo el calor de los que están, que disfrutéis cada sonrisa, cada abrazo, porque ahora, quizás, se necesitan más que nunca. Y tal vez algún día volvamos a sentir la magia que perdimos, cuando menos lo esperemos.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Noviembre.

Y noviembre se echó encima como los años lo hacen sobre los hombres que viven al sol.

La vida empezó a doblarse. Y el corazón tuvo que tomar la forma de su nueva cama, como el agua se adapta a sus recipientes.

Pero fue entonces cuando me alegré de haber saltado a todos los precipicios que me impuse por mi propio deseo, porque no me da miedo la caída a estos a los que me empujan... y menos aún el regreso al borde de otros abismos.

Noviembre nos llueve. Echa sobre nuestros hombros las hojas de cien árboles. Pero también nos echa el viento que barre el polvo.

jueves, 2 de octubre de 2014

Ahora.

Había una corriente de escritores que escribían borrachos. Estoy en mi coche en Colon. He salido a fumar mientras mi amigo y su novio arreglan sus cosas. Tengo las sienes y los mofletes dormidos. Si no hubiera bebido diría mejillas. Pero he bebido. Mucho. Hoy.

Tengo un taxi al lado. Se mueve y me marea.

Tengo ganas de llorar, pero rio. Y de reír, pero lloro. Y no tengo ganas de corregir las tildes. Hay una luna preciosa y no es necesario.

No he bebido tanto. 3 sangrías. Da igual, para mi es un río de alcohol.

Creo que me quedaría dormida aquí pero vendría alguien a insultarme, o a buscarme o a robarme o a salvarme o a multarme.

Los jueves son así. Casi viernes pero no.

Casi viernes.

Detrás de mi hay alguien enfadado que grita. No se grita en Colon. Hay una bandera gigante y no se debe gritar. Es feo.

Ahora se ha parado un coche negro. Y arranca. Se va.

Mi amigo y su novio estarán hablando y besándose. Yo miro la luna pero esta partida y borrosa.

Solo se que quiero irme y no se a donde. A donde podría? A Sri Lanka. Vámonos a Sri Lanka a pescar como los lugareños.

El tío que grita detrás dice que una es una hija de puta. Seguramente lo es. Hay muchas. Yo no. Yo soy estupenda. Quizás demasiado. Y ahí, ahí, es donde esta el problema. Que el mundo es de los poco estupendos pero altivos.



jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Qué quieres ser de mayor?

Hace poco me puse a recordar cómo era la tele de cuando era pequeña. La recuerdo sobria, a veces austera, pero sobre todo la recuerdo "progre". No todo satisfacía mis gustos, por supuesto; era una cría. Pero mirados con distancia, había programas interesantes. Aparte del Un, dos, tres..., de La bola de cristal o de 3, 2, 1, contacto, estaban aquellos como La Clave, sí, ese del UHF que ponían los viernes por la noche, donde una gente muy seria comentaba una película normalmente sesuda. O las tertulias de Hermida. 

En aquella tele, limitada por dos únicos canales que emitían sólo unas doce horas diarias, la gente hablaba muy bien. Todos parecían saber mucho sobre lo que se trataba. Tenían buenas voces, buena presencia... Y uno de mayor quería ser un poco como ellos. Dibujar como José Ramón Sánchez, o ser un poco cultureta y moderno como los que presentaban Plastic, o saber tanto del universo como Carl Sagan en Cosmos, o ser abogado matrimonialista como Imanol Arias en Anillos de oro.

Era un modelo aspiracional, tal como fue el star system de Hollywood. Fabricaban un mundo al que nos gustaría pertenecer. Nos hacían querer ser mejores, más listos, más educados, más elegantes, más valientes. En la tele sólo salía aquel que pudiera ser un ejemplo de algo positivo.

Pero llegaron los 90 y con ellos la deseada televisión privada. ¿A quién no le iba a gustar tener a su disposición dos nuevos canales con novísimas ofertas por descubrir? Y con la televisión privada llegó la lucha por la audiencia. Porque las televisiones comerciales son, ante todo, un negocio. No son un derecho ni una obligación. Son una oferta y viven de que tú quieras comprar lo que te ofrecen. Y, por supuesto, la única manera de crecer como negocio es captar más clientes.

Así que ya no vale con mostrar un mundo de gente estupenda que sabe mucho o habla muy bien. Y el secreto es bien fácil: hacer de ti, espectador, el verdadero protagonista de ese mundo.

De esa forma, el ciudadano de a pie comienza a ser la pieza clave en casi todos los programas: talk-shows donde cuentan sus miserias o alegrías, espectáculos donde son sorprendidos con su cantante favorito, noticieros baratos donde se desgrana ese suceso del que jamás te hubieras enterado a no ser que fueras vecino de la víctima y, por supuesto, el reality-show.

Y entonces es cuando en la tele comienza a salir gente como tú. O mejor aún: gente peor que tú. Gente que habla mal, gente maleducada, gente sin pudor, gente sin escrúpulos. Y te alegras inmensamente de que exista esa gente. Y entonces ya no te avergüenzas de tu incultura. Llegas incluso a jactarte de ella, porque... ¿acaso no habla así Belén Esteban y ahí la tienes?

Cuando uno es adulto ya poco hay que hacer, para lo bueno y para lo malo y entonces poco te van a afectar este tipo de espectáculos ni en tu moral, ni en tu cultura, ni en tus principios. Puedes verlos desde el mero entretenimiento, sin pensar, con el encefalograma totalmente plano. Y ojo, eso es sano muchas veces, en estas vidas en las que los que no sabemos meditar tenemos que encontrar otras formas de poner la mente en blanco...

Lo que a mí me preocupa es la infancia y la adolescencia. Ellos también quieren ser como lo que ven. Y lo que ven es gente que gana más dinero cuanto menos valores tengan. La más choni, el más chulo, la más arrabalera, el más zafio... Eso, que antes daba vergüenza, hoy da dinero. Y a mí, mucho miedo.