De dónde sale esto.

En mayo de 2009, fui a Los Ángeles en un viaje de trabajo. Se trataba de asistir a un evento anual al que sólo suelen ir los grandes jefes de ciertas empresas, pero ese año, un "gran jefe" no pudo ir y fui yo, una doña nadie. El blog nació sólo como una forma diferente y barata de comunicarme con mi familia y amigos mientras estaba allí, a 9 horas de distancia temporal. Pero luego, le cogí el gustillo y, aunque ya no estoy allí, sino en Madrid, considero que nuestras vidas son unas grandes súper producciones y que yo, al fin y al cabo, sigo siendo una doña nadie en Hollywood.

lunes, 10 de agosto de 2015

Ruta por Francia V - Estrasburgo y excursiones por Alsacia.

Las siguientes tres noches las pasamos en Estrasburgo, capital del Bajo Rin y de Alsacia. Era la segunda vez que visitaba la ciudad, pero la primera fue muy breve, así que ahora pude profundizar un poco más.

Su nombre significa algo así como "el burgo del camino" y se debe a que siempre ha sido un cruce de vías entre las grandes ciudades de Europa central.. Cuando vayáis (que iréis, porque de verdad que merece la pena), os dará la sensación de estar más en Alemania que en Francia y no es de extrañar, porque toda Alsacia se ha pasado la historia siendo disputada por ambos países. Los nombres de las ciudades tienen origen alemán y la región conserva su propio idioma, el alsaciano, que veréis junto al francés en muchos establecimientos. Se encuentra bañada por los canales del río Ill, a la orilla izquierda del Rin, que hace frontera con Alemania a las afueras de la ciudad. De hecho, uno de los principales barrios dormitorios de Estrasburgo es Kehl, un pueblo alemán.

No voy a hacer una guía detallada de la ciudad, pero sí voy a destacar varios puntos imprescindibles. Uno de ellos es la imponente catedral gótica. Cuando miréis hacia la cima de la estilizada torre, os dará cierto vértigo. Mide 142 metros y durante dos siglos fue el edificio más alto del mundo. Llama también la atención el color rojo de su piedra, típica de la cercana región de Los Vosgos. Es de las catedrales más impresionantes que he visto. En el interior despierta mucho interés un reloj astronómico de autómatas. Cada día, a las 12:30 del mediodía, los apóstoles pasan delante de Jesucristo, las cuatro edades del hombre pasan delante de un esqueleto (la muerte) que golpea unas campanas con un hueso y un gallo canta y aletea. Este espectáculo único puede disfrutarse por 2€ todos los días, después del pase de un documental sobre el reloj (en francés, inglés y alemán), a las 12 en punto. Si queréis verlo, os aconsejo que entréis sobre las 12 menos cuarto, y así coger buen sitio para ver el funcionamiento del reloj, pues el pequeño recinto donde se encuentra se llena enseguida. Los domingos y festivos, es gratis pero no hay documental. Y por supuesto, la entrada al resto de la catedral es libre y gratuita.

Otro lugar emblemático es la Petite France, un pequeño barrio del centro de la ciudad, lleno de las típicas casas alsacianas con entramados de madera y miles de flores en sus balcones. Las imágenes más típicas son las de la Maison des Tanneurs, en la plaza Benjamin Zix. No pararéis de hacer fotos de cada rincón, os lo aseguro. Allí mismo, en esa placita, hay una terraza de lo más apetecible, donde dan de comer durante todo el día y que se llena enseguida de gente, La Corde à Linge. En este viaje no encontramos sitio para sentarnos, pero en mi visita anterior, sí pudimos comer allí y comprobé que ponen unas cantidades de lo más generoso.

Como os digo, no puedo enumerar aquí todo lo que tiene esta ciudad, pero tanto si vais varios días como si se trata de una visita fugaz, os recomiendo el paseo en barco por el Ill. Hay cuatro pequeños muelles delante del palacio Rohan, desde los que parten cada cuarto de hora. Unos barcos son cerrados, con cristaleras, y en otros, los asientos están al aire libre. En la taquilla os informarán de qué tipo es el siguiente que sale. El circuito dura aproximadamente 70 minutos y cuesta 12,50€. Os darán unos casquitos con los que podréis oír la historia de lo que vais viendo, disponible en español. El paseo merece de verdad la pena y en él veréis los edificios del Tribunal de Derechos Humanos, el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa.

Por lo demás, es una ciudad alegre, bulliciosa, llena de turismo, al menos en verano y seguramente en invierno, durante su famoso mercado navideño. Os podéis mover en tranvía y si lo hacéis en coche, los parkings públicos del centro son asequibles (bastante más que los madrileños).

Nuestro alojamiento en la ciudad fue excelente. Escogimos un hotel en un barrio periférico, cercano a un gran hospital. Supongo que tuvimos suerte con la oferta, porque nos costó 171€ las tres noches y, aunque es un tres estrellas, os aseguro que los hay de cuatro estrellas bastante peores que este, al que no le falta detalle. Se trata del hotel Athena Spa, que cuenta con una fabulosa piscina con chorros de masaje y jacuzzi, gratuita para los clientes, y un spa cuyo acceso (ilimitado por día) cuesta 8,50€. Hay una parada de tranvía a unos cuatro minutos andando que te deja en diez en la catedral.

Para comer hay infinidad de sitios, pero voy a destacar uno que nos gustó mucho por la comida y la decoración: Le Troquet des Kneckes, en el 112 de la Grand Rue. La fachada es antigua, en madera (y en lugar del nombre del restaurante pone "R. Zussy - Biere D'Adelshoffen"), pero por dentro el ambiente es del más puro estilo Corredera Baja de San Pablo, algo "hipster", muy agradable y colorido. La comida es típica alsaciana, pero a precios asequibles.

Y hablando de comida, aparte del codillo en Alsacia podréis comer cosas como la tarte flambée o Flammekueche, que es una especie de pizza muy finita con queso fundido, cebolla y bacon. O el choucroute garnie, una barbaridad de platazo de repollo con salchichas, lomo, panceta... O los sabrosos bretzels, solos o rellenos de dulce o salado. O el foie, el kougelhopf (especie de panettonne), el pan de especias, las galletas de jengibre.. Y acompañarlo todo del vino de Los Vosgos. Es decir, os podéis poner moraos, porque hay variedad y abundancia.

Tarte flambée.

Pero si vais, guardad un día para visitar los pueblos de alrededor. Hay gran cantidad de ellos que figuran en las guías, pero nosotros sólo visitamos Colmar y Riquewihr.

Colmar está a 73 kilómetros al sur de Estrasburgo por autopista. Dicen de ella que es la ciudad más alsaciana de Alsacia y la verdad es una fabulosa representación de toda la zona, con mil rincones llenos de encanto, como la Petite Venice, o la casa Pfister. Es cuestión de que la recorráis andando para ir descubriéndola. Os sorprenderá ver que a la entrada a la ciudad hay una rotonda con la Estatua de la Libertad en el centro y esto se debe a que Auguste Bartholdi, su autor, nació aquí. También puede visitarse su casa.

De allí nos fuimos a Riquewihr, un pueblecito entre viñedos, a 15 kilómetros al norte de Colmar. Os parecerá estar dentro del cuento de Hansel y Gretel y lo bueno es que sufrió pocos daños en las dos guerras mundiales y se conserva más o menos como era en la Edad Media (aunque supongo que el colorido de las casas es posterior). Toda la zona está salpicada de pueblecitos parecidos y Alsacia en general merecería un viaje de una semana entera, por lo menos, por la cantidad de lugares de interés que pueden visitarse y sus preciosos paisajes.

Fachadas de Riquewihr.

Fueron tres días estupendos recorriendo sitios de postal. Un viaje que no deberíais dejar de hacer.

Ruta por Francia IV - De camino a Rocroi: Giverny y comida en París.

A 72 kilómetros de Ruán se encuentra la pequeña localidad de Giverny. Allí hicimos una parada para visitar la casa de Monet y sus jardines. No hace falta que seáis unos grandes entendidos en pintura impresionista, ni fans incondicionales del pintor. A Giverny merece la pena ir simplemente si apreciáis la belleza de la naturaleza. Una naturaleza "organizada" por la mano del hombre, eso sí, pero naturaleza al fin y al cabo.

Monet pasó en su casa de esta localidad los últimos 43 años de su vida. A lo largo de esos años y gracias a sus numerosos viajes, fue construyendo un fabuloso jardín con flores y plantas procedentes de todo el mundo. El resultado es un conjunto de impresionante romanticismo y belleza que él mismo reflejó en sus cuadros más famosos. La entrada a la casa (que se mantiene tal como era cuando él la habitaba) y a los fabulosos jardines cuesta 9,50€ (5,50€ para niños desde 7 años y gratis para los más pequeños). Si tenéis alergia, más vale que vayáis con mascarilla u os ahorréis la visita, pero si no es el caso, os recomiendo que os acerquéis a verlo. Se puede hacer una excursión desde París, pues está tan sólo a 75 kms.

Jardines de Giverny.

Así que, estando tan cerca, nos pillaba bien comer allí y darnos un pequeño paseo. Amigos, la parada breve en París puede resultar cara. Tuvimos suerte encontrando una plaza de aparcamiento cerca del sitio donde queríamos comer. Dejamos el coche en la Rue Monge, que nos quedaba cerca y flipamos con el precio del parquímetro: 2 horas (tiempo máximo), 8 eurazos. Pero bueno, es lo que tienen los caprichos...

Comimos en un sitio que ya conocía por una visita previa, Le Montebello, en el número 1 del Quai de Montebello, justo frente a Notre-Dame. Es una brasserie sencilla pero con una situación inmejorable. La comida está bastante bien y el precio... bueno, el precio es lo que voy a comentar. La cuenta ascendió a 56€, lo que no es mucho teniendo en cuenta que quedamos satisfechos y la ubicación del sitio, pero voy a aprovechar para hacer una advertencia sobre la restauración en Francia. Había tres tipos de cerveza de grifo: tercio, medio litro y un litro (en jarra). El precio del medio litro, que fue la que pedimos, era de 9€ SIN IVA. Una barbarité, sí, señor. Pero es que, además, el IVA en bares y restaurantes en el país vecino (TVA) varía sustancialmente, ya que se aplica un 10% a todo excepto a las bebidas alcohólicas, que llevan un 20%. Por eso veréis en vuestros tickets los dos tipos de impuestos aplicados.

Tras el café, un paseíto por los alrededores de la catedral y rumbo a Rocroi.

"¿Dónde demonios está Rocroi y por qué vais allí?", os estaréis preguntando. Bueno, este viaje estaba diseñado, entre otras cosas, para visitar lugares históricos. Rocroi es un pequeño pueblo fortificado que se encuentra en las Ardenas, al norte de Francia, a 3 kilómetros de la frontera belga. Fue un punto estratégico en muchas batallas de casi todas las guerras que ha librado Francia y para España tiene un significado especial, pues fue allí donde los Tercios Españoles sufrieron su primera derrota, en 1643. Los seguidores de las aventuras del Capitán Alatriste, sabréis la importancia de este lugar para el personaje, pero no diré por qué, para no hacer un "espoiler".

El pueblo es muy curioso, muy mono y muy pequeño. Nos alojamos en uno de los dos únicos hoteles que hay, el Hotel du Commerce. Se trata de un alojamiento creado en el siglo XIX, habitual de peregrinos del Camino de Santiago, así que es un sitio muy sencillo y austero, pero muy limpio y perfectamente situado para vivir el pueblo. Tuvimos ocasión de charlar con algunos lugareños, simpatiquísimos y aprovechamos para tomarnos una cerveza y una copita de vino blanco en el pub junto a la plaza, al menor precio que hemos encontrado en nuestro viaje: las dos cosas, 3,50€. Impresionante cantidad incluso para España.

Además, en Rocroi nos encontramos con la sorpresa de que celebraban el bicentenario del asedio a Rocroi y dedicaban todo el fin de semana a escenificar la batalla del ejército francés contra los aliados liderados por las tropas prusianas. Así que casi todo el pueblo se disfrazó impecablemente con los uniformes y vestimentas de la época y Rocroi se convirtió en un escenario magnífico que te transportaba a 1815. Lástima que tuviera pocos visitantes para presenciarlo y que el tiempo no acompañara, pues llovía y hacía fresco. Pero esta visita nos encantó, fue entrañable y original y una de las cosas inolvidables del viaje. No diré que viajéis sólo para verlo, pero si estáis por la zona, os gustará ver su plaza de armas y sus originales murallas.

Mañana seguimos con la zona de Alsacia.




sábado, 8 de agosto de 2015

Ruta por Francia III - Ruán y Costa de Alabastro.

Las siguientes dos noches (tercera y cuarta del viaje) las pasamos cerca de Ruán, capital de Alta Normandía.

El presupuesto de este viaje era ajustadito. Hace años, para mí era importante la categoría del hotel en que me alojaba, así que solía escoger lugares emblemáticos, hoteles con grandes servicios... Algún día haré una pequeña guía de hoteles donde me he alojado en varios viajes, para todos los presupuestos. Pero la verdad es que desde hace algún tiempo, mis prioridades han cambiado y busco sólo un buen lugar para dormir y ducharme, que sea práctico, cómodo y limpio. En este tipo de rutas prácticamente no se pasa tiempo en el hotel y si no hay grandes holguras económicas, considero que es mejor dedicar esos euros ahorrados a una buena comida o una visita interesante.

Entre mis allegados soy popular por encontrar buenos alojamientos por precios ajustados, y es porque buscarlos es una actividad que me apasiona. Tiro mucho de Booking y los criterios que sigo es que el hotel no tenga menos de un 8 de puntuación en las opiniones. Por propia experiencia, ese pequeño "pero" que aparece en alguna crítica, te puede fastidiar una estancia. Es como el lunar que luego se convierte en verruga. Pensad realmente bien en lo que es imprescindible para vosotros, porque una mala noche puede fastidaros un día entero. A mi modo de ver, es preferible un hostal con un 9.5 de puntuación que un hotel de 5 estrellas con un 7. Cabeza de ratón mejor que cola de león. Evidentemente, esto depende del tipo de viaje que queráis hacer. No es lo mismo hacer un road trip que pasar 5 días en la misma ciudad.

Dicho esto, escogimos un hotel de un pueblo de las afueras de Ruán, Val de Reuil: Première Classe Rouen Sud Val de Reuil. Muchos conoceréis esta cadena hotelera, de bajo presupuesto. Este en concreto ofrece lo esencial, muy correcto y sobre todo muy limpio, con parking y wifi gratis. Nos costó 44€ la noche y a pesar de encontrarse a unos 20 minutos de Ruán, compensa el precio.

Ruán es una ciudad de unos cien mil habitantes, bautizada por Stendhal como la "Atenas del gótico". Si os impresiona esta era de la arquitectura tanto como a mí, merece la pena que la visitéis sólo por eso. La catedral de Notre-Dame es simplemente espectacular. Una de las torres es la más alta de los edificios góticos de Francia, con 151 metros. Además, está la Abadía de Saint-Ouen, que podría ser confundida con la catedral, por sus dimensiones y por su altura de 130 metros. Cerca de la catedral se encuentra la iglesia de Saint-Maclou, otro bellísimo ejemplo del gótico. Por si fuera poco, en Ruán se encuentra el edificio gótico no religioso más grande de francia, el Palacio de Justicia, bajo el que está el monumento judío más grande de Europa.

Todo esto sólo en lo referente al gótico (y me dejo algo). También está el famoso Gran Reloj, del siglo XIV, que hace de puente sobre la calle del mismo nombre, bellísimo y en funcionamiento.

Pero esta ciudad, bañada por el Sena en su camino al Atlántico, es también famosa por haber sido el escenario de la muerte de Juana de Arco en la hoguera. En el lugar exacto donde sucedió hay un monumento, junto a una moderna iglesia dedicada a la santa y heroína de Francia. También hay otras edificaciones que fueron testigo de su vida, como el Donjon, una torre que formaba parte de un castillo y donde ella estuvo encerrada.

Por lo demás, las callejuelas están llenas de casas medievales, de dos o tres alturas, con los típicos entramados de madera. Quizás no sea esta una ciudad muy conocida para el turista, porque en Francia, París, la Costa Azul y la Provenza, parecen eclipsar al resto, pero de verdad que merece la pena y no os arrepentiréis de visitarla. Además, está a sólo 135 kms. al noroeste de París.

Callejuelas de Ruán.

A 71 kms. de Ruán camino del mar, se encuentra Fécamp, en la llamada Costa de Alabastro. A ver, en Fécamp, sinceramente pasamos muy poco tiempo, el justo para comer (bueno, no el justo, porque tardaron muchísimo en traernos los platos). El ambiente estaba bastante aburrido y la playa, de guijarros del tamaño de pastillas de jabón La Toja, tampoco era muy espectacular. Tiene varios edificios de interés, que no vimos, pero lo interesante de esta localidad es la costa, los acantilados de impresionante altura, de hasta 120 metros (no alcanzan ni por asomo, los 613 que tienen los de Vivía Herbeira, cerca de San Andrés de Teixido, en Galicia, pero lo digo como dato. No comparemos, que no es de buen gusto).

Para ver esos famosos acantilados y la estampa más llamativa y fotogénica, nos desplazamos a Étretat, otro pueblo costero cercano, a 16 kms. de Fécamp. Lo primero que expresó mi chico al entrar en el centro del pueblo fue: "parece el Parque Warner". Efectivamente, este tiene todo el ambiente que le falta a Fécamp. Está clarísimamente orientado al turismo y es muy mono, como un decorado y con luminosos carteles de tiendas y restaurantes. La playa, también de guijarros, es muy estrecha, pero estaba atestada de gente. Unos con jersey y otros con bañador. Es lo que tienen los 21 grados en la playa, que es cuestión de decidirse por tener calor o frío.

Desde ese pueblo se accede a la cima de los acantilados, desde la que se divisan unas formas geológicas de lo más caprichosas. Si vais, ojo con los niños y con los animales. No hay protección alguna al borde del terreno y la caída no es muy difícil. Especialmente teniendo en cuenta que hay algún que otro resto de barras metálicas oxidadas incrustadas en el suelo, que pueden hacernos tropezar. No sé si ha pasado algo alguna vez allí con algún visitante, voy a buscar en Google.

Pues sí, he buscado y hay bastantes noticias de caídas... algunas son suicidios, eso sí. Uy, no quiero dar una nota dramática a esto, no. Hay que ir, id. Está lleno de turistas y merece la pena, pero sólo os aviso para que tengáis precaución. Es suficiente con no acercarse mucho al borde, de verdad, pero no da nada de miedo y la explanada es enorme, con vaquitas y todo.

Vista de Étretat desde los acantilados.

Monet reflejó este paisaje en sus cuadros. De él hablaremos mañana, en nuestra visita a Giverny en el camino a Rocroi.


jueves, 6 de agosto de 2015

Ruta por Francia II. Las playas del Desembarco de Normandía.

En el post anterior se me olvidó comentar una cosa importante si viajáis en coche por Francia y es lo referente al precio de combustible. La diferencia entre repostar en una u otra gasolinera puede ser (no es una exageración) de 23 céntimos por litro. Mi coche es diésel, así que es el dato que os proporciono. En autopista, las estaciones de servicio suelen ser Total, Avia, Shell o Esso, entre otras. Sus precios por litro varían de una zona del país a otra, pero actualmente oscilan entre 1,29 €/l. y 1.33 €/l. (el gasóleo normal, no suelen tener uno normal y otro plus en todas). En cambio, en cuanto salgáis a carreteras secundarias y a zonas urbanas, el precio baja ostensiblemente, incluso en las mismas marcas de gasolinera, pero lo recomendable, salvo que seáis muy puristas con el tema del combustible, es que busquéis un Intermarché, un E. Leclerc, un Auchan o un Carrefour, cualquier hipermercado, pues allí el precio del gasóleo por litro va de 1.10 a 1,20 €/l.

Muchas gasolineras tienen un horario restringido, pero suelen tener un datáfono incorporado en los surtidores para pagar con tarjeta de pin. Os recomiendo usar una de crédito, pues las de débito a veces son rechazadas.

Para consultar el precio del carburante, sea cual sea el que uséis y dondequiera que vayáis, esta es la página oficial de los precios de carburantes en Francia, donde aparecen todas las gasolineras. Está en francés, pero se entiende bastante bien.

Bien, vamos con la visita turística.

Por la mañanita nos fuimos a Longues-sur-Mer a ver las baterías alemanas. Los más enteradillos sabréis que no estoy hablando de las Müller, porque esas son para cocinar. Estas eran para freír, pero para freír a los barcos aliados a cañonazos. Formaba parte del Muro Atlántico de la defensa alemana. Quedan las 4 originales, entre las playas de Omaha y Gold, aunque cada una con diversos daños. Es muy interesante visitarlo. Se puede aparcar junto a una oficina de turismo y la entrada es gratuita. Salvo que os encante recrearos, en una media hora o 40 minutos lo habréis visto con calma. Más información, aquí: Baterías alemanas de Longues-sur-Mer.

Después, nos acercamos a Arromanches-les-Bains, que está al ladito de Longues. Al llegar a ese pueblecito costero, pequeño, pero de construcciones bonitas y cuidadas, parece imposible imaginar el aspecto que presentaba en junio de 1944. Es la principal localidad de la playa Gold, donde desembarcaron los británicos y donde se construyó el impresionante puerto artificial para transportar armamento, entre otras cosas, desde los barcos a la playa. Se conservan varias piezas de aquel puerto artificial, justo en el lugar donde se construyeron, pero ahora pobladas de moluscos y algas. Otorgan un aire extraño a la playa y resultan de lo más fotogénico, aunque ponen los pelos de punta...

Restos del puerto artificial de la playa Gold.

En Arromanches hay también un museo dedicado al desembarco, pero encontramos más interesante y curiosa una tiendecita de piezas antiguas y originales de la época. Vendían cascos de soldados aliados y alemanes, insignias, casquillos, abrigos, botas, máscaras antigás, pistolas, paquetes de tabaco, tubitos de morfina inyectable. Lo que se os ocurra. Precios algo inalcanzables, pero perfectos para coleccionistas y apasionados del tema. Por ejemplo, un casco alemán, unos 700€. Esta es su página web: Arromanches Militaria.

La siguiente parada fue Colleville-sur-Mer, para visitar el archiconocido cementerio americano, situado cerca de la playa de Omaha. La primera impresión que me dio al llegar allí es que estábamos en Estados Unidos. Su disposición, en cierto modo, puede recordar a la explanada del Mall de Washington, entre el Capitolio y el Monumento a Lincoln. Es un terreno cedido por Francia en perpetuidad a Estados Unidos, gobierno por el que es administrado. Allí hay enterrados más de nueve mil soldados caídos en la II Guerra Mundial, bajo cruces y estrellas de David blancas, con el nombre del soldado, el estado de nacimiento y la fecha de fallecimiento. En el caso de los soldados desconocidos figura la inscripción: "Here rests in honored glory a comrade in arms, known but to God" ("Aquí descansa con honor y gloria un camarada de armas, conocido sólo por Dios"). Todo el recinto da una sensación de homenaje, de respeto, pero con la solemnidad que los americanos dan a todos sus actos. Es grandilocuente pero austero. Sorprende ver a mucha gente trabajando en él, especialmente jardineros, que mantienen el césped inmaculado y las flores perfectamente cuidadas. 

Había muchos turistas visitándolo, lógicamente muchos de ellos americanos. La entrada es gratuita y dispone de gran cantidad de aparcamiento.

Después nos desplazamos más al oeste, para visitar el Pointe du Hoc. Se trata de una zona sobre un acantilado en el que los Rangers libraron una batalla bastante dura contra los alemanes para hacerse con la artillería que éstos habían situado allí. Impresiona la gran cantidad de cráteres de enorme tamaño que produjeron los bombardeos aliados previos al ataque por tierra. También quedan restos de baterías y de búnkers, a los que se puede acceder libremente. En las paredes aún perduran cientos de balazos. También hay restos de alambradas. La entrada es libre y gratuita y, el día que fuimos había infinidad de turistas. A estos sitios es aconsejable ir a partir de las 6 de la tarde, hora que parece muy tardía para el resto de Europa, que ya están preparándose para cenar.

A continuación nos dirigimos al cementerio alemán, en La Cambe. A pesar de acoger las tumbas de más de 21.000 militares alemanes, es muchísimo más pequeño que el americano. Antes de entrar hay dos cámaras que contienen información sobre el sitio y una de las cosas que más llamaron mi atención fue que hacían especial hincapié en que muchos de esos soldados murieron por una causa en la que no creían. Para mí es esencial tener este hecho en cuenta, porque no se trata de un cementerio exclusivamente nazi. El ambiente de este lugar es completamente distinto al americano. A mí personalmente me transmitió una mezcla de tristeza y vergüenza. Se inauguró en 1961. Bajo cada cruz, situada a modo de baldosa en el suelo, yace un mínimo de dos soldados. En ellas pone el nombre, el grado militar y las fechas de nacimiento y muerte. Hombres de todas las edades, algunos sorprendentemente jóvenes y otros sorprendentemente mayores. Si el soldado es desconocido, simplemente pone: "Ein deutscher Soldat" o "Zwei deutsche Soldaten" ("Un soldado alemán" o "Dos soldados alemanes"). Frase que contrasta enormemente con la inscripción de las cruces americanas. Fue una de las visitas que más me gustó. Y apenas había turistas allí...

Para acabar el día nos fuimos a la playa de Omaha. En julio anochece muy tarde en Normandía. No es noche cerrada hasta casi las 23:30. Llegamos a la playa sobre las nueve de la noche, poco antes del atardecer. Cuando la marea está alta, la Playa de Omaha tiene poco más de 30 metros hasta la orilla, pero llegamos con la marea baja y según lo que he podido comprobar, la distancia de la entrada de la playa a la línea del mar es de hasta 274 metros. Pensábamos que exagerábamos cuando calculamos que serían unos 200 metros, pero resulta que no. Fue precisamente esa enorme anchura la que costó la vida de tantos americanos en el desembarco. Tiene 8 kilómetros de larga y no es la más grande de las cinco playas del desembarco. Verla al atardecer, sin turistas (apenas 10 personas en lo que alcanzaba la vista), fue un momento de esos para recordar. Aunque allí no hubiera pasado nada en toda su historia, la visita merecería la pena igual, por la impresionante belleza del entorno. Si vais, procurad evitar la mañana y las horas de marea baja, porque se llena de visitantes y de bañistas.

A la mañana siguiente emprendimos ruta hacia el interior de Normandía, hacia el noreste, para visitar Ruán, pero por el camino paramos a ver el Pegasus Bridge, puente protagonista de una importante y estratégica victoria británica. Se encuentra dentro de un museo, el Memorial Pegasus. La entrada cuesta 7€ para los adultos y, aparte del puente, contiene interesante material, especialmente del ejército británico.

La comida la disfrutamos en Honfleur, un precioso y curiosísimo pueblo pesquero muy atractivo para el turismo. La arquitectura es muy llamativa: casas muy estrechas, prácticamente apoyadas unas junto a otras, sobre el puerto y pequeños edificios medievales, renacentistas, barrocos y románticos compartiendo acera en la misma calle. Otro lugar perfecto para unas moules frites, o para tomar un kir, cóctel típico francés compuesto por vino blanco y licor de cassis, una especie de arándano negro. Si la mezcla es con champán, se llama kir royal y a mí personalmente me gusta más por el toque burbujeante. Lo sirven de aperitivo. Si allí veis en la carta "aperitifs", esperad un licor, no como yo, que la primera vez pensé que me iban a traer unas aceitunas. El precio ronda los 6€.

Ración de moules frites.

Esa zona de Normandía da para muchísimo más, sobre todo para los interesados en la historia. Hay multitud de museos y memoriales. Además, las ciudades de Bayeux y de Caen (que pude visitar en un viaje previo) tienen un gran interés artístico.

Mañana continuamos con Ruán y los acantilados de Étretat.

Ruta por Francia I. De camino a Normandía.

No sé la de tiempo que llevo sin escribir aquí. Falta de inspiración, quizá desgana... Pero hoy lo retomo para contaros cosas sobre mi reciente viaje a Francia. No va a ser algo tipo resumen de cole de "qué hiciste en vacaciones", sino más bien describir los sitios que visitamos e incluir recomendaciones, indicaciones, precios, curiosidades... algo que os pueda ser práctico en caso de que vayáis por alguna de las zonas a las que fuimos o incluso que os pueda animar a ir.

He de confesar que soy un poco francófila. Esta era la decimoquinta vez que iba al país vecino. Seis de esas ocasiones fueron por trabajo, a Cannes, pero el resto, de turisteo.

Este primer artículo está dedicado a nuestro camino hasta las playas de Normandía.

Día 1, de camino a Burdeos.

Desde Madrid hay 692 kms. hasta Burdeos, por la A1 y la A63 e incluye tramos de peaje (20€ en total). Vía Michelin estima que se tarda 7 horas y 40 minutos, pero lo encuentro un poco exagerado. Contad unas 7 horas como mucho, es prácticamente todo autopista.

Si vais desde Barcelona, el trayecto es más corto (636 kms. por la A61 y A62), pero sensiblemente más caro (55,80€ de peajes).

En esta ocasión no visitamos Burdeos porque ambos lo conocíamos, así que fuimos a visitar un sitio muy curioso: la duna de Pilat. Se trata de una descomunal duna de nada menos que 107 metros de altura, que ocupa 2,7 kms. de costa y forma parte del Parque Natural de las Landas de Gascuña. Se encuentra a 73 kms. de Burdeos y la entrada es gratuita, pero si vas en coche, el parking es gratis si estás menos de media hora (complicado), cuesta 4€ si estás menos de 4 horas y 6€ si estás más tiempo.

Es un sitio insólito y espectacular. Para subir a la cima hay una escalera de 154 escalones que merece la pena trepar. Las vistas son impresionantes. Esta es la página oficial del sitio, con toda la información que necesitéis, disponible en español: Duna de Pilat.

A 13 kms. de la duna se encuentra la localidad de Arcachon. Es un pueblo costero que da nombre a toda la bahía. Tiene multitud de terracitas y ambiente familiar. Se nota que es un lugar de veraneo habitual de los franceses. Allí vimos el atardecer, desde un muelle casi hecho a propósito para ver cómo se esconde el sol.


Y llegó la hora de dormir. Reservamos en un curioso hotel, L'Escadrille, cerca del aeropuerto de Burdeos-Mérignac. Está situado en una zona de empresas, hoteles y restaurantes. Es un hotel de paso, pero con un toque muy original. Su dueño tiene una inmensa colección de piezas relacionadas con la aviación, el fútbol, Star Wars, piezas de Lego y multitud de cosas relacionadas con pelis de ciencia-ficción. La habitación era pequeña, pero correcta y coqueta. Tiene aire acondicionado, tele y parking privado gratuito. Es muy barato (47€ la noche, sin desayuno). El hándicap que tiene es que el baño no tiene nada de privacidad, ya que la puerta es de rejilla y se ve TODO, así que más vale ir con alguien de absoluta confianza. La ducha no tiene puerta y el suelo se moja... vamos, que no es de lujo, pero está limpio. Si no sois tiquismiquis, os vale para una noche.

Una muestra del hotel.

Habitación de L'Escadrille.

Día 2, ruta hasta Normandía.

A la mañana siguiente, salimos tempranito para Normandía, pero paramos en La Rochelle. Se encuentra en la costa, a 181 kms. de Burdeos. Es una localidad con un interesante casco viejo y varias torres características, de los siglos XIV y XV. Su puerto de ocio es el segundo de Francia en importancia. Si coméis por allí, como hicimos nosotros, podéis probar una especialidad francesa, la moules frites, que no es otra cosa que una cazuela de mejillones (a la marinera o con salsas de curry o de queso), acompañadas de patatas fritas. Suelen servir raciones abundantes y se pueden encontrar en casi cualquier localidad francesa, especialmente si está cerca de la costa. Su precio oscila entre los 10€ y los 14€. Si no sois de mucho comer, podéis compartir la ración (no fue nuestro caso...).

Tras unos cuantos avatares en nuestro camino a Normandía, debidos a una movilización de agricultores y ganaderos, que cortaron con sus camiones todos los accesos a Caen (ya sabemos que el francés cuando protesta, protesta de verdad, como la española cuando besa), llegamos a nuestro alojamiento para las dos noches siguientes.

Elegimos Commes como centro de operaciones. Se trata de un pueblo o, más bien, una pedanía, muy cercana a Bayeux, e ideal para visitar todas las playas del desembarco, a sólo 10 kms. de Omaha Beach y a 9,5 de Arromanches.

Nos alojamos en un sitio llamado Chambre d'Hôte La Mer. Se trata de un chalet cuyos dueños lo han habilitado para alquilar habitaciones con baño privado. La nuestra era una monada, abuhardillada y espaciosa. Costaba 60€ la noche con desayuno (fantástico) incluido. El aparcamiento es gratis y tiene wifi. Los dueños son majísimos, pero no hablan otro idioma que el francés, pero como chapurreo un poco, no resultó complicado. Si no sabéis nada de francés, os entenderéis igualmente. Se puede entrar y salir libremente de la casa y casi nunca nos encontramos con nadie, así que hay mucha privacidad. Todas las reservas del viaje las hicimos en Booking.

Parte de la habitación de La Mer.

Mañana continuaré contando nuestra visita a las playas del desembarco de Normandía, que os recomiendo encarecidamente, no sólo si sois amantes de la historia, sino también por sus impresionantes paisajes y sus bonitos pueblos.

martes, 23 de diciembre de 2014

Tres semanas al año.

La verdad es que hasta hace bien poco pensaba que nunca sería capaz de pensar como pienso ahora acerca de la Navidad. Los que me conocéis, sabéis que aprecio mucho mi parte infantil, que me gusta ver las cosas con optimismo, que sigue gustándome jugar y no tomarme las cosas demasiado en serio... Pero en esto, creo que ya he dejado de ser una niña.

Dicen que la Navidad con niños es otra cosa. No sé si algún día podré comprobarlo. En mi familia no hay niños. Ni siquiera jóvenes o adolescentes y no sé si en un futuro tendré un hijo o un sobrino, así que la mía es una Navidad de adultos.

Y son tres semanas que duelen cuando falta alguien. Tres semanas en las que el cuerpo no te pide celebrar... y en cambio sería peor no reunirse a hacerlo, aunque sea sin grandes alharacas.

A mi edad ya conozco a mucha gente que piensa como yo. Gente para la que la Navidad es dura, a veces incluso cruel. Los anuncios, las luces de las calles, el espumillón, las ofertas... nada respeta el dolor que algunas personas sienten y que miran todo ese espectáculo como si estuviera sucediendo en otro planeta. Porque no es una época cualquiera. Ese contraste hace que las cosas que faltan, se echen mucho más en falta... y no digamos ya cuando lo que falta no son cosas, sino personas.

A los que aún la vivís con la misma ilusión de un niño en la noche de Reyes, os deseo una muy feliz Navidad, de todo corazón... y que nada ni nadie os empañe esa alegría.

Y a los que, como yo, estáis deseando que pasen lo antes posible... os deseo que os rodeéis de todo el calor de los que están, que disfrutéis cada sonrisa, cada abrazo, porque ahora, quizás, se necesitan más que nunca. Y tal vez algún día volvamos a sentir la magia que perdimos, cuando menos lo esperemos.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Noviembre.

Y noviembre se echó encima como los años lo hacen sobre los hombres que viven al sol.

La vida empezó a doblarse. Y el corazón tuvo que tomar la forma de su nueva cama, como el agua se adapta a sus recipientes.

Pero fue entonces cuando me alegré de haber saltado a todos los precipicios que me impuse por mi propio deseo, porque no me da miedo la caída a estos a los que me empujan... y menos aún el regreso al borde de otros abismos.

Noviembre nos llueve. Echa sobre nuestros hombros las hojas de cien árboles. Pero también nos echa el viento que barre el polvo.

jueves, 2 de octubre de 2014

Ahora.

Había una corriente de escritores que escribían borrachos. Estoy en mi coche en Colon. He salido a fumar mientras mi amigo y su novio arreglan sus cosas. Tengo las sienes y los mofletes dormidos. Si no hubiera bebido diría mejillas. Pero he bebido. Mucho. Hoy.

Tengo un taxi al lado. Se mueve y me marea.

Tengo ganas de llorar, pero rio. Y de reír, pero lloro. Y no tengo ganas de corregir las tildes. Hay una luna preciosa y no es necesario.

No he bebido tanto. 3 sangrías. Da igual, para mi es un río de alcohol.

Creo que me quedaría dormida aquí pero vendría alguien a insultarme, o a buscarme o a robarme o a salvarme o a multarme.

Los jueves son así. Casi viernes pero no.

Casi viernes.

Detrás de mi hay alguien enfadado que grita. No se grita en Colon. Hay una bandera gigante y no se debe gritar. Es feo.

Ahora se ha parado un coche negro. Y arranca. Se va.

Mi amigo y su novio estarán hablando y besándose. Yo miro la luna pero esta partida y borrosa.

Solo se que quiero irme y no se a donde. A donde podría? A Sri Lanka. Vámonos a Sri Lanka a pescar como los lugareños.

El tío que grita detrás dice que una es una hija de puta. Seguramente lo es. Hay muchas. Yo no. Yo soy estupenda. Quizás demasiado. Y ahí, ahí, es donde esta el problema. Que el mundo es de los poco estupendos pero altivos.



jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Qué quieres ser de mayor?

Hace poco me puse a recordar cómo era la tele de cuando era pequeña. La recuerdo sobria, a veces austera, pero sobre todo la recuerdo "progre". No todo satisfacía mis gustos, por supuesto; era una cría. Pero mirados con distancia, había programas interesantes. Aparte del Un, dos, tres..., de La bola de cristal o de 3, 2, 1, contacto, estaban aquellos como La Clave, sí, ese del UHF que ponían los viernes por la noche, donde una gente muy seria comentaba una película normalmente sesuda. O las tertulias de Hermida. 

En aquella tele, limitada por dos únicos canales que emitían sólo unas doce horas diarias, la gente hablaba muy bien. Todos parecían saber mucho sobre lo que se trataba. Tenían buenas voces, buena presencia... Y uno de mayor quería ser un poco como ellos. Dibujar como José Ramón Sánchez, o ser un poco cultureta y moderno como los que presentaban Plastic, o saber tanto del universo como Carl Sagan en Cosmos, o ser abogado matrimonialista como Imanol Arias en Anillos de oro.

Era un modelo aspiracional, tal como fue el star system de Hollywood. Fabricaban un mundo al que nos gustaría pertenecer. Nos hacían querer ser mejores, más listos, más educados, más elegantes, más valientes. En la tele sólo salía aquel que pudiera ser un ejemplo de algo positivo.

Pero llegaron los 90 y con ellos la deseada televisión privada. ¿A quién no le iba a gustar tener a su disposición dos nuevos canales con novísimas ofertas por descubrir? Y con la televisión privada llegó la lucha por la audiencia. Porque las televisiones comerciales son, ante todo, un negocio. No son un derecho ni una obligación. Son una oferta y viven de que tú quieras comprar lo que te ofrecen. Y, por supuesto, la única manera de crecer como negocio es captar más clientes.

Así que ya no vale con mostrar un mundo de gente estupenda que sabe mucho o habla muy bien. Y el secreto es bien fácil: hacer de ti, espectador, el verdadero protagonista de ese mundo.

De esa forma, el ciudadano de a pie comienza a ser la pieza clave en casi todos los programas: talk-shows donde cuentan sus miserias o alegrías, espectáculos donde son sorprendidos con su cantante favorito, noticieros baratos donde se desgrana ese suceso del que jamás te hubieras enterado a no ser que fueras vecino de la víctima y, por supuesto, el reality-show.

Y entonces es cuando en la tele comienza a salir gente como tú. O mejor aún: gente peor que tú. Gente que habla mal, gente maleducada, gente sin pudor, gente sin escrúpulos. Y te alegras inmensamente de que exista esa gente. Y entonces ya no te avergüenzas de tu incultura. Llegas incluso a jactarte de ella, porque... ¿acaso no habla así Belén Esteban y ahí la tienes?

Cuando uno es adulto ya poco hay que hacer, para lo bueno y para lo malo y entonces poco te van a afectar este tipo de espectáculos ni en tu moral, ni en tu cultura, ni en tus principios. Puedes verlos desde el mero entretenimiento, sin pensar, con el encefalograma totalmente plano. Y ojo, eso es sano muchas veces, en estas vidas en las que los que no sabemos meditar tenemos que encontrar otras formas de poner la mente en blanco...

Lo que a mí me preocupa es la infancia y la adolescencia. Ellos también quieren ser como lo que ven. Y lo que ven es gente que gana más dinero cuanto menos valores tengan. La más choni, el más chulo, la más arrabalera, el más zafio... Eso, que antes daba vergüenza, hoy da dinero. Y a mí, mucho miedo.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Esa estúpida mueca.

Me he propuesto ser constante con este blog. No dejarlo abandonado durante tanto tiempo esperando a que me llegue una inspiración que a veces tarda meses en llegar. Un poco de disciplina no me viene mal. Y para que la inspiración llegue, de vez en cuando hay que buscarla. Hace años tenía la necesidad de escribir casi cada día. Llenaba folios (sí, folios de aquellos que ya ni vemos) de poemas, de artículos, de relatos eróticos, de diálogos humorísticos... de cualquier cosa. Ahora me cuesta.

Un recurso que utilizo para esa búsqueda es recurrir a antiguos textos de tiempos más prolíficos, aunque sean muy lejanos. En uno de ellos, de 1999, he encontrado esta frase: "Por fuera, sonrío. ¿Algo mejor que sonreír? Supongo que esa estúpida y permanente mueca en mi cara transmite cierta sensación de superficialidad. Pero me da igual. Además, probablemente, si mi rostro mostrase mi sentir interno, en muchas ocasiones, tendría que llorar."

Aunque creo que ya no uso un lenguaje tan dramático (la edad siempre quita dramatismo a la vida, mientras ésta gana en drama real), el significado no ha variado mucho. Sigo sonriendo. Estúpidamente o no, pero sigo sonriendo. Esta lectura ha hilado con una conversación que he tenido hoy en el trabajo. Un compañero que es conocido por su, a priori, sequedad, me ha llamado por teléfono y ha cortado la conversación para decirme que le resulta admirable que con todo lo que tengo encima siempre esté sonriendo y de buen humor. Evidentemente, me ha alegrado el día, claro que sí... por mucho que él pensase que mi día ya era alegre. Que lo era, pero ese es otro asunto.

Mirad, supongo que genéticamente o por mi educación familiar tiendo a sonreír. No puedo evitarlo. Una sonrisa es lo primero que me sale cuando hablo con alguien. También es lo primero que se me quita cuando ese alguien no me devuelve la sonrisa más de dos veces. Pero existe cierta tendencia social a pensar que la gente que sonríe mucho es más estúpida, más fácil de engañar, más inocente... Pues queridos míos... definitivamente no. Yo misma he creído durante largo tiempo que la gente de gesto serio era más estable, más "madura", más de fiar y un ejemplo a seguir. Pero no. Una sonrisa, la tuya, la mía, tienen un poder infinito. Pero no sólo la sonrisa que le dedicas a quien se cruza contigo, sino también las que te das a ti. Si sonríes, es más probable que te sonrían y a todos nos agrada eso.

Me gusta sonreír y me gusta decir cosas bonitas a quien quiero decírselas. Es algo que me nace, que me sale de dentro y que no quiero cohibir por parecer más seria o más lista o más estable. Así que ya no me avergüenzo por ser la típica que sonríe y con ello prescinde de un halo de misterio. No me disfrazo de nada, sólo respeto quién soy. Que a todos, a estas edades, nos ha costado mucho ser quienes somos.
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Hoy, que va de sonrisas... uno de los temas más románticos que se han cantado:
The Shadow Of Your Smile - Frank Sinatra.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Leyes de la Naturaleza.

Conozco a una chica rumana de treinta y muchos años a la que llamaremos Ecaterina. Vino a España a buscarse la vida y la de su marido desde un pueblo pequeño de Transilvania. Hace un par de años su padre enfermó y murió. Si ya es duro perder a un padre, no poder acompañarle hasta el final lo hace aún más difícil. Pero esta chica tuvo que sumar a su dolor el terrible peso de la tradición. En su pueblo es costumbre que, cuando muere un paisano, la familia debe invitar a comer y cenar a los vecinos lo más opíparamente posible. Ecaterina contaba llorando las dificultades que su familia tenía para afrontar ese gasto. Por no hablar de la presencia de ánimo que precisarían para soportar aquello.

Y no pude evitar pensar lo cruel que es el ser humano consigo mismo. Ecaterina describía aquella tradición como el que describe una catástrofe natural, como algo inevitable, como una ley inamovible. Como algo que hay que hacer irremediablemente.

Este tipo de cosas no es algo que sólo suceda en los pueblos. Hay tradiciones, costumbres tiránicas en todas partes y en todos los ámbitos de la vida. Todas y cada una de ellas creadas por nosotros. Las reglas de un juego que hay que cumplir para no perder la dignidad, el estatus o simplemente el buen nombre. Una ley no escrita que nos obliga a sentirnos mal si alguien no se acuerda de nuestro cumpleaños, a bombardear al vecino porque no nos entiende y no nos queda otra que matarle, o a trabajar para vivir.

Porque la mayoría de los problemas que tenemos vienen de algo que nosotros mismos hemos creado a través de los siglos.  Nos hemos impuesto esta forma de vivir. No ha sido nadie más que nosotros, por más que millones de personas se empeñen en responsabilizar a algún dios de todo esto.

Deshacer este entuerto me parece utópico, porque no tengo mucha fe en nuestra especie. Hemos tenido miles de años para enderezar las cosas y la mayoría no mejoran... Y no nos engañemos: todas las generaciones anteriores, por remotas que parezcan se creían tan avanzadas como nosotros, tecnológica y moralmente. Y todas confiaban en que en un futuro el mundo sería más justo. Pero lo único que cambia es el tipo de injusticia.

Pero como mi naturaleza es irremediablemente optimista, creo que sí podemos cambiar algunas cosas. Seamos nuestros propios dioses y hagámonos felices. Con pequeños gestos, con palabras cariñosas o amables, con una sonrisa. El mundo está lleno de mierda según donde mires... Es importante que esa mierda no la veas cuando te mires a ti mismo.

lunes, 21 de julio de 2014

Yo confieso.

Hoy voy a hacer una confesión a los cuatro vientos. Varios (pocos) amigos míos conocen esta... llamémosle "peculiaridad" sobre mí. Pero hoy la conocerá todo el que lea esto. Voy a hablar sobre una fobia que tuve durante 37 años y de la que probablemente nunca hayáis oído hablar: la fobia a los conflictos internacionales.

Sí, adelante, podéis reíros. Algunos lo han hecho. Yo misma lo he hecho, con esa estúpida tendencia que tengo a quitarle importancia a mi dolor. Pero lo cierto es que una fobia es angustiosa, inhabilitante... te impide ver, vivir, en definitiva.

Ya, ya sé que a nadie le agradan las guerras y las tensiones y que todos deseamos la paz mundial. Pero lo mío era una fobia de padre y muy señor mío.

El primer recuerdo que tengo de ello o, tal vez, precisamente el desencadenante de la fobia, fue una excursión a Toledo en 3º de E.G.B. El cole nos llevó a ver la ciudad y la visita incluía un exhaustivo repaso histórico al Alcázar. A los 9 años, la imaginación casi no tiene límites y yo creí ver las sombras de los heridos de guerra en las paredes de la sala de operaciones. Aquella conversación entre Moscardó y su hijo justo antes de entregarlo para que lo fusilaran me impresionó sobremanera. Porque hasta 2010, esta grabación era una atracción más del Alcázar, cuando visitabas el despacho del general.

El caso es que a la vuelta estuve casi una semana sin poder dormir. Imaginándome cómo había sido la Guerra Civil y leyendo todo lo que caía en mis manos sobre el tema (poco, dada mi edad).

Desde entonces, siempre que había una tensión militar o diplomática a nivel internacional, yo no vivía. Literalmente.

A pesar de que los comienzos de los 80 los viví con el alma en vilo con la guerra fría y los dimes y diretes entre Reagan y Andrópov, Chernenko y Gorbachov, según tocara (especialmente en el verano del 83 en una playa de Castelldefels, que menudas vacaciones me dieron), uno de los momentos más intensos de mi fobia se dio en 1986, con el conflicto de Estados Unidos y Libia. La base la OTAN en Rota y yo estábamos en alerta roja. Cada noche soñaba con Gadafi. En clase, cuando un caza sobrevolaba el barrio, yo encogía las piernas para no temblar.

En 1989, el mundo me dio una tregua con la caída del muro de Berlín. Estaba en mi habitación, leyendo "La casa de Bernarda Alba", para el cole y en la radio anunciaron lo que estaba pasando. Lloré de emoción. Sé que muchos lo hicisteis también, pero para mí... imaginaos. Fóbica perdida que estaba... Compensó la invasión de Panamá por parte de Estados Unidos, que sucedería poco después.

No os quiero contar cómo lo pasé el 2 de agosto de 1990. Volvía de la playa, en Alcocebre y, en la tele del salón del apartamento, una de tubo de 14", daban la noticia de que Iraq había invadido Kuwait. Para mí, se acabó el verano. Nada tenía sentido.

Durante los días siguientes, en el Telediario salía George Bush (padre) haciendo footing por Washington D.C. Mi padre me decía: "Bush haciendo footing y tú aquí mordiéndote las uñas. Probablemente serías feliz si fueras el Secretario General de la ONU". Pues sí. Seguramente. No poder mediar era lo que me sacaba de quicio. De hecho, mi tercera opción para elegir carrera era Políticas, porque no me disgustaba el tema diplomático.

¿Sabéis eso que pasa con las cosas que nos dan miedo, que a la vez nos dan un morbo increíble? Pues con esto también me sucedía. A veces me daba por pasar por los kioskos sin mirar por si veía una portada, o por esconderme con la música alta mientras daban las noticias en la tele. En cambio, otras, optaba por devorar todo lo que se decía o se publicaba al respecto. Teniendo información tendría menos miedo.

Así pasé la madrugada del 17 de enero de 1991, oyendo la radio, esperando el anunciado comienzo de la primera Guerra del Golfo. Una vez consumados los hechos, me quedé más tranquila, siguiendo día a día la evolución del conflicto.

Después vino la guerra en Yugoslavia y de nuevo otra guerra en el Golfo Pérsico...

Y, por supuesto, el 11 de septiembre. Imagino que ese día todos estábamos más o menos igual. Aterrorizados, preocupados, nerviosos, estupefactos... Así que ese día pasé más desapercibida. Estaba en la oficina y me tuve que ir a vomitar al baño en cuanto lo vi en la tele. Después, me fui al servicio médico de la empresa. No había sido la única a la que habían atendido. Mal de muchos, consuelo de tontos.

El caso es que, bueno, resumiendo, tomé medidas (no a nivel internacional, a mi pesar, que ya me hubiera gustado a mí ser Kofi Annan...) y superé la fobia y todos aquellos sueños apocalípticos y mi pena de no tener un amor de mi vida al que correr a decirle "te quiero" antes de morir bajo un hongo nuclear.

Y parte del tratamiento simplemente era aceptar la realidad. Acepté que no puedo controlarlo todo, que las cosas que no están en mi mano no pueden estar en mi mente todo el rato. Que podemos hacer cosas pequeñas, como simplemente, intentar ser felices, no persiguiendo lo que no tenemos sino valorando todo lo que hoy nos rodea, porque ¿sabéis? podría ser mucho peor. Podría ser Palestina, Siria, Iraq, Afganistán, Somalia, Sudán del Sur, Ucrania, Yemen o la República Centroafricana. Y para los habitantes de esos países, hubo un día que fue tan aburrido como el que probablemente has tenido hoy. Disfruta tu aburrimiento.
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Y si llega a pasar algo así, ya sabes... sólo abrázame. Just Hold Me - Maria Mena.


martes, 29 de abril de 2014

Dar la talla.

Dentro de poco se va a estrenar un documental llamado "A perfect 14", dirigido por Giovanna Morales y James Earl O'Brien, que habla sobre el mundo de la moda centrándose en las tallas grandes. He estado leyendo un poco acerca de él y me ha hecho reflexionar.

Una de las cosas a las que alude este documental es al hecho de que la mayoría de las portadas de las revistas están protagonizadas por modelos escuálidas y casi nunca por modelos entradas en carnes.

Si echáis un vistazo a las imágenes que aparecen en Google si buscáis modelos "XL" o "plus size" o "de tallas grandes", muchas de las chicas que salen están, directamente, obesas.

Pues bien, la que os habla tiene ahora mismo un sobrepeso de unos 10 kilos, así que no soy sospechosa de defender la extrema delgadez. Pero si criticamos que se venda una imagen de mujer casi anoréxica, también debemos criticar que se venda la de una mujer con un sobrepeso severo. Porque no es bueno estar gordo. No estoy hablando de que sea más feo o más bonito. Eso siempre irá en gustos. Hay quien desea a una mujer delgada, espigada y hay quien la desea más curvilínea y entrada en carnes. Estoy hablando de salud y eso es lo único que debería venderse. Un cuerpo saludable.

Por supuesto, eso no tiene nada que ver con decir que las personas deben recibir el mismo respeto y trato en todas las situaciones, independientemente de su talla. Pero no cuidarse es no quererse. Evidentemente, cada cuerpo es un mundo y para hay quien está sanísimo con una 36 y obeso con una 40 y hay quien por debajo de la 44 está demacrada.

Uno tiene que rondar su peso saludable. Así que no contraataquemos una portada de una modelo esquelética con la de una de 120 kilos, porque ambas son situaciones no deseables.

El término medio existe en el mundo de la moda en modelos como Bar Rafaeli, Heidi Klum, Naomi Campbell o la menos conocida Robyn Lawley (esta última, de tallas especiales, por increíble que parezca en muchas de sus fotos...) y siempre será más deseable que irse a los extremos.


lunes, 21 de abril de 2014

Nessun dorma.

Nunca me ha gustado dormir. No puede gustarme hacer algo que no sé que estoy haciendo.

Siempre hay cosas más interesantes que hacer que dormir, aunque esa cosa sea simplemente no hacer nada. Porque eso sí que se disfruta.

Pero, como a pesar de mi apariencia y mi cerebro, soy humana, TENGO QUE dormir y, puesto que no tengo práctica, cada vez me cuesta más. Entonces la gente te cuenta truquis para conciliar el sueño, como por ejemplo, "lee un libro". A ver. Entiendo que a esa gente no le gusta leer, porque cuando yo leo un libro es porque me gusta y si me gusta, siempre termino incorporándome y devorándolo con avidez. Luego no me duermo.

También te dicen que oigas algo de música. Tampoco me vale. Me sé todas las canciones y las termino cantando. Y si no, me recuerdan a alguien y ese alguien siempre me ha hecho reír, llorar o sencillamente le odio, por lo que me recreo en mi dolor y no me duermo.

"Date un baño caliente". ¡Qué estrés, por Dios! No sé qué tiene de relajante el estruendo del chorro durante los 15 minutos que tarda en llenarse la bañera, esperar a que se enfríe porque tus manos nunca aciertan con la temperatura real del agua, intentar no clavarte el grifo, buscar la postura correcta para que los muslos y las rodillas no sobresalgan y se enfríen, estar el tiempo justo para no arrugarse, controlar que no baje el nivel del agua porque se escapa un poco por el sumidero y, finalmente, intentar salir del baño con dignidad. Muy bonito todo, pero no compensa, de verdad. Al menos, en mi bañera.

"Tómate una infusión de tila, melisa, valeriana y pasiflora y esparce unas gotas de esencia de lavanda por la almohada". Ah, sí, espera, tengo que tener algo de eso en la despensa... ¡Oh, no! No hay. Lo más parecido es un Ambipur de flores de Oriente caducado y una caja de Earl Grey que me trajo Pedro de Londres. Pedro... valiente sinvergüenza. "Mañana te llamo y cenamos", dijo. Y cené, pero sin él, esa noche y la siguiente y las siguientes... Que le pillaba en un momento complicado, me dijo. Tan complicado como que se casó a los dos meses, de penalti. Pero mira que era guapo, ¿eh? Joer, qué sonrisa... Y aquel día que se presentó por sorpresa en el trabajo a recogerme... Es que tenía cada cosa... ¡Madre mía, las tres menos cuarto y sigo despierta! Mañana sin falta compro la pasiflora. Por cierto... siempre me sale decir "palsiflora", a ver si no meto la pata en la tienda. ¡Anda! Rima con cantimplora. Ay... qué bonita aquella excursión con Pedro...

"Ponte tapones en los oídos". Vale. Ah, mira, pues es verdad que no se oye nada. ¿A ver? Pues no. ¡Espera! ¿Qué es eso? "Pumpun, pumpun, pummmmpun" ¡Es mi corazón! Ay, qué grima. Va muy rápido, ¿no? ¿Y si se me para de repente? ¡Ay, ese pumpun ha sido distinto!

Sí, dormir parece fácil. Tanto que puede hacerse con los ojos cerrados. Pero a veces cuesta mucho echar el cierre.
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Y para ver si dormimos... una nanita: Lullaby - The Cure.


sábado, 19 de abril de 2014

¿Se equivocó la paloma?

Hasta hace no muchos años, yo era una chica tímida en determinados ambientes. Supongo que la inseguridad y la sensación de estar rodeada de gente que me parecía superior a mí en un montón de aspectos, hacían que me sintiera invisible en algunos momentos.

Uno de esos momentos eran los viajes de trabajo. Me impresionaban las reuniones, conocer a gente que parecía saber mucho más que yo sobre los temas que se trataban. Y me impresionaba la soltura con la que se enfrentaban a ellos algunos compañeros de viaje. 

Es por eso por lo que aquel soleado día de octubre en una ciudad francesa, cuando mientras corríamos hacia la siguiente reunión una paloma decidió soltar su vientre sobre las cabelleras de mis dos guapos, altos, elegantes, refinados, brillantes y preparados compañeros de trabajo, no pude reprimir una carcajada interna y celebrar una callada victoria. No entendía por qué no me había cagado a mí la paloma, sintiéndome yo aquella chica patosa e insegura en aquel ambiente tan profesional e internacional. Yo solía ser la dueña de la maleta perdida de Iberia, la que se equivocaba de calzado y le mataban las rozaduras, a la que se le rompía la cremallera del vestido justo antes de llegar a un visionado, la que casi perdía el avión... Así que aquella paloma que escogió sus cabezas en lugar de la mía para depositar sus excrementos, me llenó de confianza.

A veces, el mal ajeno nos alegra el día. Así de miserables somos.

Y fueron pasando los años, los viajes de trabajo y las palomas y yo gané en seguridad, sintiendo que no era mejor que nadie, pero sí tan buena como cualquiera. Y esa sensación de que ya no tienes miedo mas que al miedo, de que no puede contigo ningún estirado, de que el poder que sobre ti tengan los demás no se lo otorga nadie más que tú mismo se fue apoderando de mí, haciendo por fin invisible a aquella chica invisible que fui.

Pero ayer...una paloma decidió soltar su vientre sobre mi cabellera. Y eso no hizo más que confirmar que no soy mejor que nadie, pero sí tan buena como cualquiera.
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El tema de hoy, por supuesto, When Doves Cry, Prince and the Revolution.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Volver a tener quince años.

Tengo que reconocer que me costó mucho decidirme a ir a esa cena. Me daba entre pereza y miedo. Pereza, porque imaginaba que tendría que explicarle media vida a todo el mundo: a qué me dedico, que me casé y me divorcié, dónde vivo ahora... Miedo porque, si en el día a día voy dejando que el tiempo y la desidia se reflejen en mi aspecto, de repente, para un evento así, sí importan los diez kilos que me he echado encima en un año. Y todos queremos oír un "qué bien te conservas" después de dos décadas.

Pero me decidí. La insistencia de unos y la asistencia de otros terminaron por convencerme.

La semana anterior mi cabeza funcionaba como una centrifugadora. Qué me pondría, quién iría, quién se acordaría de mí, si metería la pata en algo, si iría hecha un adefesio, si me pondría mala, si me diera un bajón, si me aburriría...

Pero todas aquellas preocupaciones acabaron en cuanto abrí la puerta del restaurante y allí estaban todos. Los de siempre. Y como siempre. De repente, los últimos 20 años vividos se borraron de un plumazo y ahí estábamos, como si fuera el día después de terminar las clases. Y desde ese momento, no pude dejar de sonreír. Empecé a retomar emociones, sentimientos, risas. Tenía ganas de abrazarles a todos y de decirles lo mucho que les quería, los buenísimos recuerdos que me quedaban.

Fue un poco como volver a casa y ponerse el pijama. Esa sensación de estar rodeada de gente que te ha conocido cuando aún no eras quien eres ahora, cuando aún el corazón estaba entero, la mente más limpia, la piel más vulnerable y las ganas intactas.

Y descubres cosas de ti que no sabías.

Pero sobre todo, perdí el miedo y la pereza. Es siempre cómodo y seguro volver al lugar donde creciste. Y pienso seguir volviendo.

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Dedico esta breve entrada a la fiel lectora que anoche me animó a hacerlo.
Y esta canción a quien se sentirá aludido al escucharla:
Janey, don't you lose heart - Bruce Springsteen

viernes, 8 de noviembre de 2013

No me gusta.

Un día de buen rollito de abril de 2011 escribí una lista de cosas que me gustan muchísimo. Hoy toca escribir la lista de las cosas que no me gustan, porque también es importante tenerlo claro:

Tener frío.
Sudar como un pollo.
El cilantro.
La ropa que pica.
La ropa áspera.
La gente que no sonríe con los ojos.
El victimismo.
La cerrazón mental.
Maná.
El Hormiguero.
El Escorial.
El roce de la arena de la playa en unos vaqueros mojados.
Los perfumes fuertes.
Anatomía de Grey.
El rollito pin-up.
El look pepero.
Los/as guapos/as serios/as.
La Oreja de Van Gogh. Dani Martín. Pablo Alborán. Alejandro Sanz. Nena Daconte. Dani Martín. Amaia Montero. Dani Martín. Dani Martín.
Dos Hombres y Medio.
Es que siempre se ha hecho así.
El café templado.
Mi dedo corazón.
La ducha sin presión.
Los jabones con olor a coco.
Las toallas que no secan.
Los graciosos que se hacen fotos con gesto de "¡mira, soy gracioso!".
Tumblr.
Las faldas a media pierna.
La ropa naranja.
Los anuncios con animales que hacen cosas de persona.
La mayoría de los periodistas futboleros.
La gente que no saluda en el ascensor.
Las escenas en las que el protagonista habla con un extra que no tiene frase y, por tanto, termina hablando SOLO. ¿Hay algo más ridículo?
El gestito de todas las fotos de moda de Laura Ponte.
Dani Martín.
Y Dani Martín.




jueves, 1 de agosto de 2013

Madrileña por el mundo.

     Todos los que me conocen saben que me gusta muchísimo viajar. No por ello me siento especial, desde luego. La mayoría de las cosas que me gustan son bastante comunes: comer (es algo que se me nota en la cara) (y en los muslos), la música (la buena, no como al resto), hacer fotos, tocar etiquetitas de raso, recorrer en yate las Seychelles bañada en Moët Chandon, juntar bolitas de mercurio…

     El caso es que viajo como casi todo el mundo: cuando tengo tiempo y dinero.  Y, claro, he estado en el extranjero. No en todo, pero sí en algunas partes del extranjero. Partes “normales”, nada exótico, aunque sueño con visitar algún día la isla de Tristán de Acuña, el lugar más remoto del planeta. No porque sea bonito, que creo que no lo es, sino sólo por poder decir que he estado allí Y TÚ NO. Que para eso viajo.

     Esos viajes por Europa y Estados Unidos me han servido, además de para perder unas gafas  y un par de aviones que encima no eran míos, sacar alguna que otra conclusión. Todo ello desde mi punto de vista de viajera intrépida a la que le gusta mimetizarse con las vidas extranjeras (los que vayáis a mencionar las fotos de Facebook en las que salgo con dos cámaras, cantimplora y sombrero de paja, os tengo que decir que es la última moda en las capitales europeas y por eso aquí distinguimos tan bien a los guiris, pero ellos son así en su vida normal).

     Lo primero a destacar es que en el extranjero no hay persianas. En algunos sitios usan las contraventanas, que son más bonitas, eso sí. En la Provenza las pintan de vistosos colores. En otros lugares, usan unas cortinas tupidas. Y en las zonas más septentrionales, no ponen más que un visillo. En todos estos casos, la luz se filtra. Y yo me pregunto si es que son seres superiores, con párpados opacos. O si es que somos los únicos equivocados y las persianas en realidad no son tan buena idea. O si detrás de todo ello hay una poderosa empresa fabricante de antifaces.

     Otra cosa que nos diferencia de Europa, por ejemplo, es que no tenemos obsesión por las terrazas. A ver, nos encantan las terracitas que alegremente invaden las aceras de las calles españolas en cuanto sale el sol, pero, al contrario que en el extranjero, nosotros no vemos necesario tenerlas todo el año. Ellos no las quitan nunca y en los meses de frío te colocan una estufa y una manta. ¿Qué quieren demostrar? Nosotros ponemos nuestras terrazas con dignidad. No nos pasa nada por prescindir de ellas en invierno. No tenemos ese tipo de “complejos”.

     En Francia y en otros lugares de Europa te cobran 0,50€ por entrar a algunos baños públicos. Esto, que a priori puede fastidiarnos como españoles, resulta de lo más práctico, porque puedes aliviarte cada pocas manzanas con la seguridad de que el baño está limpio, tiene su papel, su jabón… Es como si en el extranjero tuvieran más presentes las necesidades fisiológicas propias de nuestra especie. O eso, o  retienen menos líquidos. Aquí puedes meterte en un círculo vicioso infinito, porque para hacer pis, tienes que entrar en un bar y consumir. Si consumes, al poco rato tendrás que volver a hacer pis otra vez… O también puedes entrar a El Corte Inglés y aprovechar la “Semana Fantástica” en cualquiera de los 26 días que dura. Y al final no te sale a cuenta. Son más rentables los 50 céntimos.

     Uno de los tópicos más extendidos es que en el extranjero se habla inglés mejor que aquí. Falso. Eso sólo se cumple en los países angloparlantes, lógicamente. En Francia, por ejemplo, no tienen ni idea. Creo que en Europa, sólo salvaría a los países escandinavos. El resto… bueno, se defiende como puede. En la República Checa, por ejemplo, es aún peor, porque no sólo no hablan inglés, sino que fingen que lo saben. También fingen que son simpáticos, por cierto.

     También suele decirse que en Europa comen y cenan prontísimo y que en España somos más libres con estos horarios. Bueno, a ver… en las pequeñas poblaciones europeas es cierto que es muy difícil cenar más tarde de las nueve. En Portree (Escocia), por ejemplo, las cenas comienzan a las cinco y terminan a las ocho. Pero hoy en día, por lo general, se puede comer y cenar a cualquier hora y en cualquier sitio. En eso se han españolizado mucho. De hecho, en Helsinki no hay una hora concreta para comer.  Se come cuando se tiene hambre. Es que son avanzados para todo, la verdad. Podríamos hacer lo mismo con la Nochevieja. Celebrarla cuando nos apetezca  y no cuando lo diga Anne Igartiburu.

     Le he estado dando muchas vueltas a eso de que los alemanes, las suecas, los holandeses o los italianos sean más guapos que nosotros. Yo creo que no lo son. A pesar de que en Budapest me enamoré unas siete veces en un cuarto de hora y que tengo más fotos de alemanes de a pie que de la Puerta de Brandenburgo, creo que esto se debe a que simplemente, no son “lo mismo de todos los días”. Igual que las matrículas norteamericanas nos parecen muy monas y los buzones de correos de Gibraltar nos llaman tanto la atención y en cambio no hacemos ni caso de los nuestros. Nos parecen más guapos porque siempre nos gusta lo que nos resulta más difícil y ya sabemos todas que a un español lo puede tener cualquiera y que si yo ahora mismo no tengo novio ni perrito que me ladre no es porque yo no quiera, sino porque estoy en un momento de mi vida en el que necesito estar sola y encontrarme a mí misma y ya aparecerá alguien cuando menos me lo espere y vete tú a saber dónde está el amor y no se está tan mal soltera. Pero ese es otro asunto.

     Y para acabar, una clara ventaja de España: Zara es más barato. Es una realidad. Podemos permitirnos llevar ropa de mala calidad, pero a su precio justo. O no tan escandaloso.

     En definitiva, viajen ustedes. Viajar empobrece el bolsillo, pero enriquece mucho como persona. Como lémur, no tanto, eso sí.

viernes, 24 de mayo de 2013

Buscando a Jacq's.

- ¡Hola, buenas tardes!

- Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarte? 

- ¿Tienen ustedes hombres?

- ¿Hombres? Huy, no, hija. Están agotados.

- ¿Es que hay mucha demanda?

- No, es que hay poca oferta. Los pocos que llegan, se nos acaban enseguida. Tal vez, el mes próximo...

- Bueno, pues nada. Muchas gracias, ¿eh? Hasta luego...

- Adiós.
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- Hola, muy buenas.

- Hola.

- Mire, yo quería saber si les queda algún hombre.

- ¿Es para usted?

- Pues sí.

- Y, ¿cómo lo quería?

- Bueno, no sé... simpático, fuerte, inteligente, con carácter... Si pudiera ser, que el coche lo trajera de serie, pero bueno, esto tampoco sería imprescindible...
- Veamos... Sí, bueno, aquí hay uno simpático, con carácter, incluso trae coche... ¡ay! pero... no es muy inteligente. A veces hay que repetirle las cosas varias veces para que las entienda.

- ¿Ah, sí? Bueno, es igual, yo soy muy paciente. He trabajado de niñera ¿sabe?

- ¡Ah, bueno! En ese caso, no tendría problema. ¡Además, trae coche! Concretamente un Renault Clio con elevalunas, cierre centralizado y airbag de pasajero. ¡Está usted de suerte!

- ¡Ah, pues qué bien!

- ¿Y qué talla usa usted?

- Una 44.

- Huy... pues me parece que no va a haber...

- ¿No?

- A ver... No. Sólo nos quedan de la 38 a la 42. Tal vez, en la sección de tallas especiales...

- Pues es una pena, porque el coche es una monada... pero bueno, gracias de todas formas. ¡Hasta luego!
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- Hola, buenas tardes.

- Hola, buenas.

- Quería un hombre, pero de los de verdad, ¿eh?

- Muy bien, pero antes tiene que seleccionar las características en esa maquinita y consultar el precio. Luego viene con el ticket y yo se lo doy.

- Gracias. A ver... Aquí tiene el ticket, pero ¿es posible que un hombre me salga por 18.425,99 euros?

- A ver, déjeme ver ese ticket... "simpático, fuerte, culto, que sepa inglés e informática... ¡pero mujer, por Dios! ¿cómo no va a ser caro? ¿¡Ha pedido usted que tenga carácter y personalidad propia!? ¿Usted sabe lo que eso sube el precio? Y, ¿esto? ¿que no le interese el fútbol? ¿y que sea huérfano o que su familia viva lejos? Es que estamos hablando de un ejemplar de lujo... vamos, casi de una serie limitada, ¿eh?

- Ah, pues no sabía yo que fuera tan caro... Es que sólo cuento con un millón y medio, aproximadamente...

- Pues, por ese precio, desde luego, el fútbol tiene que gustarle. Y cuente usted con que tenga familia e incluso, viva con ella ¿eh? De eso, no se libra...

- ¿Y lo de que tenga personalidad propia?

- Bueno, tal vez encuentre alguno que la finja o crea que la tiene, lo que abarataría el coste,
pero, uno que la tenga de verdad... sólo en ejemplares de gama alta.

- ¡Vaya por Dios! Bueno, pues gracias y hasta luego.

- Hasta luego.
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- Hola, buenas tardes. Quería saber si tienen hombres.

- Pero ¿de los de verdad?

- Sí, a poder ser.

- No, no nos quedan. Creo que se han agotado. Hace tiempo que los proveedores no mandan nada.

- ¿No? ¡Pues si el otro día vi uno en una peli de la madrugada de La 2!

- ¿Cuál? ¿La de Clark Gable? Huy... esos ya hace tiempo que dejaron de fabricarse, ¿eh?

- Pero ¿cómo es posible? ¡Si eran buenísimos!

- Pues mira, puro marketing. Esos salían muy buenos y duraban años y años, pero a los fabricantes no les conviene, porque venden menos. Pasó igual con una lavadora de mi madre, una Corberó. La compró al casarse y la hemos tirado porque se ha quedado anticuada, pero en todo ese tiempo, ¡ni una avería! En cambio, la que compramos en su lugar, tiene dos años y hemos tenido que repararla ya tres veces...

- ¡Qué barbaridad!

- Sí, desde luego. Así que los que hacen ahora, nada más comprarlos, parecen estupendos, pero al mes o así empiezan a fallar… Unos dejan de ser graciosos y se vuelven pesadísimos, porque a veces se atascan; otros, a causa de una mala conexión en su sistema de seguridad y autoconfianza, comienzan a tomar una actitud de celosos compulsivos; a otros se les bloquea el proceso de decisión y repiten constantemente frases como "sí, cariño, lo que tú quieras, amor, no te enfades, vida…"

- ¿Tan terrible es?

- ¡Uf! Recuerdo que no hace mucho salió una tirada defectuosa. El fallo afectaba a su sistema motriz, por lo que acababan tumbados todo el día en un sofá. Pero este fallo, curiosamente, afectaba a todo el cuerpo excepto a la movilidad del dedo pulgar de la mano derecha y del codo del brazo izquierdo, lo cual les permitía cambiar el canal del televisor con el mando y beberse una cervecita. En el caso de los zurdos, el dedo con movilidad era el de la mano izquierda, claro está.

- Pues muchas gracias por su ayuda. Muy amable. Adiós.

- Adiós, de nada.
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- Hola, quería ver los hombres que tienen.

- Sí, le enseño el catálogo. 

- Gracias.

- Mire, en esta sección tenemos el tipo "Ejecutivo". Incluye el modelo "O sea", que trae el Volkswagen Golf de serie; el modelo "Bienvenido al buzón Movistar", con el cual le regalamos un Sony Xperia V LT25i de 32GB; el modelo "Está reunido"... éste está bien, porque no se deja ver mucho y no llega a cansar; y, finalmente, el modelo "Oh, un 3%, qué guay", que resulta algo frío, pero al mismo tiempo, económico.

- ¿Y qué más tipos tiene?

- Últimamente se ha vendido mucho el tipo "Soy la leche". En este grupo, destaca el modelo "Hola, muñeca". Tiene la peculiaridad de que sabe levantar una ceja... Otro es el modelo "Está loca por mí", que ha salido con defecto. Resulta que un fallo en la córnea le produce una cierta distorsión de la realidad y, a veces cree que su mujer le admira y que se siente plenamente feliz a su lado, a la vez que sexualmente satisfecha, lo cual no es cierto, aunque como le digo, ese problema visual le hace creer que sí. El modelo "Espejito, espejito" no está mal, pero puede resultar cargante.

Pasemos al tipo "Macho Ibérico". El modelo "Obrero" va equipado con un software que incluye varios piropos soeces y alguna mirada obscena, según la versión. El modelo "De pelo en pecho" lleva un defecto en la camisa y es que la mitad superior carece de botones y ha de llevarla siempre abierta. Incluye también un kit de medallón de oro y palillo interdental post-almuerzo. También está "Baby Eructitos", que emite gases después de beber y luego se ríe. El tipo "Humilde" no es muy habitual, pero el modelo "No te merezco" se vende bien. Va acompañado del manual "Aprende a decir 'no' sin sentirte culpable", para que pueda evolucionar. Tampoco se vende mal el modelo "Loctite-Supergén", que va siempre contigo… aunque me han dicho que resulta algo pegajoso al final…

- ¡Pues vaya! sí que...¿y no hay más?

- ¡Sí! Está este otro, el tipo "Cary Grant".

- ¿En serio? ¿Cómo es?

- Pues trae 64 GB más de memoria que un tipo normal, proporciones perfectas, diseño exclusivo, un sentido del humor perfectamente configurado, simpatía última generación, personalidad propia, ciertas dosis de ternura, carácter firme y la seguridad del líder europeo.

- ¡Qué maravilla! ¿Y los extras?

- Bueno, odia el fútbol, tiene un coche estupendo, su familia vive a más de 400 km. de distancia mínima garantizada, y un estupendo puesto de trabajo que le da bastante dinero, pero le quita poco tiempo. Y, si paga un poco más, puede conseguir que no copie frases típicas de humoristas televisivos.

- ¡Es un chollo! ¿Y cuánto vale?

- Pues... voy a consultar precios. A ver... ¡oh! debí suponerlo. En realidad se trata de un prototipo que sólo se usa en las comedias románticas norteamericanas… Es decir, es como la espada láser de Luke Skywalker: en la película funciona de maravilla, pero en realidad es de plástico. Digamos que es… realidad virtual. Puro atrezzo.

- Oh, qué pena...

- Bueno, no se desanime. He oído que aún queda un ejemplar igual, sólo que a veces se le escapa un "¿Te das cuén?" El único problema es que vive en una isla cercana a Nueva Zelanda… aunque le tienen en cautiverio, con la esperanza de poder lograr que no llegue a extinguirse la especie… Pero sospechan que es homosexual, así que…

jueves, 31 de enero de 2013

Enamorarse.

"La vida es del color del cristal con que se mira". Para mí, es una de las frases más ciertas de la sabiduría popular. Y la mejor demostración de ello es la primera fase del enamoramiento.

Cuando uno está enamorado y es correspondido, los días parecen más luminosos, todo el mundo corresponde a nuestras sonrisas, odiamos un poco menos a quienes nos hacen la vida difícil y nos sentimos capaces de todo, valientes, seguros... 

Y, en cambio, el mundo sigue siendo igual. Sólo hemos cambiado nosotros.

Tal vez sea buena idea intentar estar constantemente en esa primera fase de enamoramiento. Y enamorarse de un paisaje, de una canción, de un libro... Y no dejar nunca de ser quienes somos cuando estamos enamorados.

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